La cobardía sueca

18. enero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La agencia Europa Press informaba ayer de un cambio de opinión del gobierno sueco respecto al reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en los territorios del Sáhara Occidental ocupados ilegalmente por Marruecos desde 1975.

En medio de este conflicto, la decisión tomada el pasado mes de septiembre por la dictadura marroquí, en virtud de la cual se negaba el permiso de apertura del centro Ikea construido en los alrededores de Casablanca. Al parecer, había unas “deficiencias técnicas” que no han podido solucionarse durante los últimos cuatro meses.

Resulta inútil pedir a un dictadorzuelo magrebí que respete los principios del Estado de Derecho, pero es imprescindible exigir a una democracia avanzada como la sueca que anteponga los Derechos Humanos sobre los intereses particulares de sus empresarios.

De confirmarse la información difundida, estaríamos ante una prueba más de que el verdadero poder no está hoy en manos de los gobiernos democráticamente elegidos, sino de los gestores y accionistas de las grandes empresas multinacionales. Rodríguez Zapatero y Alexis Tsipras pueden dar buena fe de ello.

Por ello, oír hablar de democracia a un neoliberal es algo así como escuchar a un nazi promoviendo los derechos de las minorías étnicas. No hay lugar para la democracia ni para los Derechos Humanos en el recinto ideológico del neoliberalismo. Esa es la razón por la cual las democracias avanzadas se ven incapaces de hacer cumplir las normas y resoluciones del Derecho Internacional, siempre que tienen delante a un déspota económicamente relevante como Mohamed VI, Benjamin Netanyahu, Salmán bin Abdulaziz o Xi Jinping.

Esta cobardía gubernamental tiene su reflejo en las poblaciones de los países democráticos. Y es que, si ante la última decisión del gobierno sueco para favorecer a Ikea y a la dictadura marroquí en detrimento del pueblo saharaui, decidiéramos solidarizarnos con éste negándonos, por ejemplo, a comprar durante un año en los centros de esta multinacional, seguramente el gobierno sueco se vería obligado a mantener su compromiso con los derechos del pueblo saharaui. Pero esto no ocurrirá porque los borregos siempre siguen las órdenes del pastor y de sus perros.

 

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