La confusión turca

26. noviembre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

¿Qué interés tendría Rusia en invadir espacio aéreo turco, cuando no necesita hacerlo para bombardear al Estado Islámico desde la base aérea de Latakia? La pregunta cobra especial relevancia si tenemos en cuenta que, dos días después de haber derribado un cazabombardero ruso SU-24, Turquía todavía no ha podido acreditar que esta aeronave hubiese violado su espacio aéreo.

Lo que sí está perfectamente acreditado es que la Turquía islamista del presidente Recep Tayyip Erdogan (ese tipo con el que Rodríguez Zapatero se propuso construir la “alianza de civilizaciones”) es un coladero perfecto para todos los terroristas internacionales que llegan a su territorio con la intención de atravesar la frontera siria para unirse al Estado Islámico.

Lo que sí está perfectamente acreditado es que la Turquía islamista de Erdogan es una dictadura con formas democráticas que ampara y alimenta bajo mano a la bestia del yihadismo.

Lo que sí está perfectamente acreditado es que la Turquía islamista de Erdogan es un régimen depredador de las libertades, hasta el punto de procesar judicialmente por terrorismo a una dirigente de IU y del Partido de la Izquierda Europea llamada Maite Mola, a la que acusa de haber “insultado” a Erdogan con su participación en una protesta convocada en Estambul contra la ley mordaza turca.

Lo que sí está perfectamente acreditado es que la Turquía islamista de Erdogan acaba de derribar una aeronave extranjera que estaba actuando militarmente contra los centros neurálgicos del Estado Islámico en Siria. Es en este punto donde viene a colación un comentario publicado por el periodista español Pascual Serrano en su cuenta de Twitter: “Turquía no hizo nada cuando Israel le mató 9 ciudadanos en la Flotilla de Gaza, pero derriba un avión ruso que atacaba a ISIS”.

Tras cometer esta agresión contra una aeronave extranjera que, según el testimonio del piloto superviviente, jamás invadió el espacio aéreo turco, ni evidentemente suponía amenaza alguna para el país de Erdogan, Turquía se dirigió a sus socios de la OTAN para que éstos escuchasen los llantos de un niño malo que trata de esconder su fechoría llorando más que nadie.

Pero lo que realmente deben escuchar los socios de la OTAN es la cruda realidad: uno de los Estados miembro de la organización, gobernado hoy por islamistas, apoya al Estado Islámico depredando a los enemigos de este grupo terrorista. ¿Cómo se analiza eso en Bruselas?

 

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