La derecha indiferente

2. octubre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La derecha política y la derecha económica que mueve sus hilos han vuelto a demostrar en las últimas horas su absoluta indiferencia hacia la calidad de vida de las personas. En nuestro país, el régimen de Rajoy acaba de presentar unos Presupuestos Generales del Estado que recortan el poder adquisitivo de los pensionistas, al tiempo que incrementan las listas de espera de los dependientes e instituyen el repago de los medicamentos dispensados en las farmacias hospitalarias a enfermos no ingresados que son tratados de enfermedades graves como el cáncer o la hepatitis C.

Ni siquiera el falso argumento de que “Zapatero arruinó España” (en todo caso, la habría empezado a arruinar cuando el 12 de mayo de 2010 viró su política económica hacia el neoliberalismo) es capaz de ocultar la extrema iniquidad que llevan consigo todas estas medidas antisociales impulsadas por un gobierno insensible a las necesidades y los derechos fundamentales del pueblo soberano. El problema de Rajoy y los suyos es que gestionan el país como si estuvieran dirigiendo una empresa, sólo pensando en la cuenta de resultados, y por lo tanto, dejando a un lado los intereses de los trabajadores que la componen. La diferencia es que en un Estado es anticonstitucional “despedir” ciudadanos con derechos inalienables para “sanear” los balances.

Esa misma visión mercantilista de lo público es la que ayer exhibió el ala más derechista del Partido Republicano de los Estados Unidos, al sumir a los organismos públicos del país en una parálisis presupuestaria y operativa que puede acarrear consecuencias económicas catastróficas, tanto en el sector público como en el privado.

De “cruzada ideológica” calificó el presidente Obama esta actitud, que tiene poco que ver con lo meramente presupuestario, y mucho con el afán derechista por desandar los tímidos pasos que ha comenzado a dar el país hacia un modelo sanitario semipúblico y accesible para todos. A la derecha norteamericana le resulta indiferente que un ciudadano cualquiera viva o muera, en función de que pueda pagarse o no un seguro privado de salud. Lo importante para estos sádicos institucionales es que la salud siga siendo un lucrativo negocio del que unos pocos se sigan beneficiando.

Quizá sea éste el objetivo final de quienes en España imponen el repago sanitario, cierran quirófanos públicos, despiden a miles de profesionales del Sistema Nacional de Salud y promocionan los seguros privados en este campo. Las últimas actuaciones de la derecha española y de la derecha norteamericana tienen, al menos, dos puntos en común: el estrangulamiento económico del Estado (y por lo tanto, de los beneficiarios de sus políticas redistributivas), y la prevalencia absoluta de lo privado sobre lo público.

 

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