La derecha umbilical

5. abril 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Después de cuatro años de espera, por fin Jordi Évole conseguía la semana pasada entrevistar a Mariano Rajoy para La Sexta.

Hay un amigo mío que me ha comentado: “¡Qué mal lo tiene que ver Rajoy para que os dé a vosotros una entrevista!”

¿Ah, sí…? ¿Y quién ha sido ese amigo?

Un amigo de Cornellá

Pues al amigo de Cornellá dígale de mi parte que está confundido. Rajoy lo ve muy bien, y por eso concede la entrevista

Tras este comienzo trepidante, sesenta minutos en los que Rajoy trató de presentarse como un hombre sensato y ecuánime que sólo busca mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos. A pesar de su tendencia a contemplarse el ombligo, es de justicia admitir que el actual presidente del Gobierno en funciones dista mucho de ser lo peor que el PP puede proporcionar a la sociedad española. Otros neoliberales de colmillo retorcido como Aznar, Aguirre o Hernando serían mucho más peligrosos que el gallego para los derechos sociales y para la propia democracia.

En un arranque de autenticidad durante la entrevista, Rajoy fue incluso capaz de contrarrestar el “Luis, sé fuerte, hacemos lo que podemos” (que en cualquier país civilizado hubiera supuesto la dimisión del primer ministro), con un lánguido “me equivoqué,… no volverá a ocurrir”, tan del gusto de los Borbones cuando son sorprendidos cazando elefantes en Botsuana.

Pero la prueba del algodón llegó poco después al hilo de este diálogo:

¿Le parece de sentido común que en 2016 miles de españoles no sepan todavía dónde están enterrados sus abuelos?

A mí me gustaría que todo el mundo supiese dónde están enterrados sus abuelos, pero no tengo claro que sea cierto eso que usted me dice, ni que pueda hacer nada el Gobierno por arreglarlo

En ese momento, la derecha española volvió a evidenciar el cordón umbilical que le sigue uniendo con el franquismo, cuarenta años después de la muerte del dictador.

A diferencia de lo que sostiene Rajoy, en España todavía hay 114.226 personas desaparecidas como consecuencia de la represión franquista. Es la cifra de un genocidio que quedó documentado en un auto de Baltasar Garzón antes de que le expulsaran de la carrera judicial cuando investigaba los crímenes del franquismo.

A diferencia de lo que sostiene Rajoy, el Gobierno de España puede hacer mucho por estas víctimas del terrorismo de Estado, como por ejemplo, poner los medios para recuperar sus cadáveres, o extraditar a Argentina a los pocos torturadores y asesinos del franquismo que aún siguen vivos.

A diferencia de lo que sostiene Rajoy, reparar las atrocidades del pasado, honrar a sus víctimas y reconfortar a sus familiares, nunca puede ser considerado por un demócrata como algo incómodo, injustificado o extravagante.

 

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