La desvergüenza de Susana Díaz

17. mayo 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Por favor, lean atentamente este comentario sobre el 15-M: “Muchos de los que se cabrearon con nosotros no habían perdido diez escalones en su calidad de vida, habían bajado uno; pero es que pensaban que iban a subir diez. Es que pensaban que iban a poder tener su casita en la playa; que iban a poder salir, no una vez al mes, sino una vez a la semana; que iban a conseguir que sus chavales fueran a la Universidad y que además tuvieran un máster; que iban a conseguir ver a sus nietos con mucha más calidad de vida que la que tuvieron ellos”.

No es de ningún monologuista, ni tampoco de ninguno de esos neoliberales que critican a la clase obrera por exigir la redistribución de la riqueza. El comentario fue realizado por Susana Díaz durante un mitin celebrado el pasado mes de enero en la localidad gaditana de Alcalá de los Gazules. Las primarias del PSOE y el sexto aniversario del 15-M han vuelto a ponerlo de actualidad.

Al decir esto, Susana Díaz se equivoca de manera amplia e interesada. La gente que salió a las calles y plazas de este país durante la primavera de 2011 no pedía una casita en la playa ni un máster para sus chavales. El 15-M exigía, fundamentalmente, democracia. “Democracia real ya” era uno de los lemas principales de aquel movimiento.

Cabe recordar que el 15-M surge un año y medio después de que ZP-no-os-fallaré recibiera en Moncloa a los 37 principales empresarios del país para preguntarles qué querían escribir en el BOE, a cambio de crear empleo. Las modificaciones legislativas llegaron en menos de una semana, pero los empresarios incumplieron su parte del trato (como, por otra parte, cabía esperar).

Cabe recordar que el 15-M surge un año después de que ZP-no-os-fallaré se arrodillara ante el dios Mercado, sin el permiso de la nación a la que representaba.

Cabe recordar que el 15-M surge tres meses antes de que PSOE y PP adulterasen el artículo 135 de la Constitución para anteponer el pago de la deuda a la materialización de los derechos sociales recogidos en la propia Carta Magna. En esta ocasión, tampoco hubo referéndum sobre la reforma constitucional, aunque sí hubo voto favorable del entonces diputado raso Pedro Sánchez.

Así pues, el creciente déficit democrático, el sentimiento de decepción política y la progresiva desigualdad social, fueron los tres detonantes del 15-M, y no el deseo de tener “una casita en la playa” ni un “máster” para los chavales, como sostiene Susana Díaz.

Pero por extraño que pueda parecer, los entrecomillados anteriores no son la desvergüenza más destacada del discurso de la candidata andaluza a la Secretaría General del PSOE.

Y es que, justo antes de decir lo de la “casita en la playa”, Díaz afirmó que “cuando la gente se acostumbra a que va a vivir peor ¿qué le pasa? Que se resigna; y eso es lo que quiere la derecha: que nos resignemos, que pensemos que nada va a ir mejor. Eso es lo más conservador que hay”. Sin embargo, sólo 1 minuto y 44 segundos después, tras mencionar la casita en la playa, el máster y las salidas nocturnas, la lideresa andaluza criticaba al 15-M diciendo que “cuando eso no fue posible, se cabrearon, se indignaron… y ahí le hicimos el juego a la derecha, y a los otros de Podemos; a la derecha, que quería que la gente se resignara, y a los que querían galopar sobre la indignación de los ciudadanos”. Fin de la cita.

El pensamiento de Susana Díaz no deja claro si ante la desigualdad social, ante la corrupción política y ante la decepción de unos gobernantes que incumplen sistemáticamente sus programas electorales, hay que indignarse o hay que resignarse. Según ella, la indignación le hace el juego a la resignación que busca la derecha, mientras que la no-indignación es conceptualmente equivalente a la resignación. Lo más práctico sería que Susana Díaz indicase a la ciudadanía cuándo manifestarse y cuándo no hacerlo, siempre en función de los intereses de su partido.

Este es todo el sentido democrático que los militantes socialistas deben esperar de Susana Díaz, la candidata del aparato del PSOE, que tiene como contrincantes en estas primarias a un Pedro Sánchez que todavía no se ha dado cuenta de que es un producto publicitario, y a un Patxi López que antepone las decisiones del aparato sobre las necesidades de la ética.

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