La dignidad de la plantilla de Auzsa

28. abril 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Muchos olvidan que los grandes avances sociales de los últimos 150 años han sido posibles gracias a millones de trabajadores y trabajadoras que arriesgaron sus economías y sus vidas para plantarle cara a la injusticia que les rodeaba. Muchos olvidan que en un periodo como el actual, en el que la nota dominante es el retroceso hacia la precariedad y la explotación, esas luchas sociales son más necesarias que nunca.

Por eso fue tan importante para todos que hace más de cuatro meses la plantilla de Auzsa decidiera movilizarse contra el injusto laudo de 2013 y a favor de un convenio justo. 140 días de paros parciales han jalonado un conflicto laboral entre poco más de 1.000 trabajadores, y una multinacional mexicana del transporte de viajeros, cuyo objetivo principal era doblegar la voluntad de una de las pocas plantillas que todavía se atreven a luchar por sus derechos.

A pesar de los razonables servicios mínimos decretados por el gobierno municipal, pronto surgieron en las paradas y en las redes sociales fábulas en las que los animales hablaban de supuestos salarios astronómicos, antes de proponer el despido fulminante de todos aquellos que se atrevieran a ejercer el derecho constitucional a la huelga.

Luego llegaron las presiones mediáticas de quienes llevan más de un siglo ejerciendo como caciques mayores de Aragón, y de algunos de sus discípulos.

Y por último, llegaron la concejala de Movilidad, Teresa Artigas (de Zaragoza en Común), diciendo que esta huelga “mantenía rehén” a la ciudadanía, y el consejero municipal de Servicios Públicos, Alberto Cubero (también de ZeC), señalando junto a la anterior que “el daño económico que la huelga supone para la empresa es muy inferior al coste que para la empresa supondría ceder en las demandas laborales”.

Ni una ni otro tenían en cuenta la realidad estadística. Según las cifras oficiales, Aragón es la única comunidad en la que ha retrocedido el volumen de viajeros transportados en autobús, como consecuencia de la huelga [ver1] [ver2]. Lo único que le importaba al gobierno de ZeC es que acabase cuanto antes y de la forma que fuera un conflicto que empezaba a cuestionar su capacidad de gestión. Muy atrás había quedado la promesa electoral de “estudiar la remunicipalización de servicios públicos estratégicos”, burdamente zanjada ahora con la afirmación de ser una demanda “totalmente alejada de la realidad”. Tampoco se supo nada de aquel anuncio de Cubero en virtud del cual, el Ayuntamiento iba a auditar a Auzsa para comprobar si era cierta su incapacidad económica para subir el salario a su plantilla.

En cualquier caso, lo que ha quedado demostrado es que los trabajadores y trabajadoras de Auzsa no se movían por avaricia económica (un terreno más propio de su contraparte en la negociación), sino por mejorar las condiciones laborales en las que prestan a la ciudadanía un servicio público esencial. El acuerdo final tiene más de mejora social que de incremento salarial.

Esa es la dignidad que les avala, frente a los correveidiles de red social, a los heraldos de la manipulación, y a los políticos desteñidos.

 

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