La escopeta nacional VI, o la dignidad de un Estado

27. agosto 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Seguramente, el genial cineasta Luis García Berlanga hubiera disfrutado sobremanera versionando para la gran pantalla el incidente que tuvo lugar el pasado 7 de agosto en las aguas ceutíes de Punta Almina, y que fue revelado hace tres días por el diario El Mundo. La escopeta nacional VI hubiera sido un buen título para el filme, por coherencia con los ordinales de los dos monarcas protagonistas de la aventura.

Resulta difícil discernir qué resulta más patéticamente hilarante, si la llamada telefónica de Mohamed VI a Felipe VI cuando la Guardia Civil intentó identificar a los ocupantes de la embarcación del sátrapa magrebí ante las sospechosas maniobras que ésta realizaba en aguas españolas, o la cascada de “toques” institucionales protagonizada por las autoridades de nuestro país (Rey – Ministro del Interior – Delegación del Gobierno en Ceuta…), y que culminó con la disculpa oficial que el jefe de la Comandancia local de la Guardia Civil tuvo que ofrecer al dictador marroquí.

Dejando aparte la sempiterna doble vara de medir de las autoridades occidentales acerca de las democracias y las dictaduras, en función del signo ideológico de éstas, lo que queda claro en este episodio es que el “renovador” rey Felipe VI ha dejado pasar una estupenda oportunidad para reivindicar la dignidad de un Estado, frente a las infundadas quejas de un gobernante totalitario cuyo país incumple reiteradamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La cadena de disculpas que comenzó en la Casa Real y terminó en la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta supone una humillación, no sólo para los agentes que cumplieron con su labor de inspeccionar las embarcaciones sospechosas de traficar con narcóticos o con seres humanos, sino también para toda la ciudadanía española.

Cuando el monarca español esté participando en actos de homenaje a las Fuerzas Armadas o a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, debería ser consciente de que el mejor homenaje que se les podía haber realizado a los guardias civiles que el pasado 7 de agosto interceptaron la embarcación de Mohamed VI en aguas ceutíes era responder al monarca alauí que se lamentaban las molestias pero que no había motivos para la disculpa porque esos agentes estaban realizando con la mayor diligencia posible una de las tareas que el Estado español les había encomendado.

 

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