La Eurocopa más difícil

25. junio 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Numerosos políticos, sociólogos, analistas y hasta algunos poetas han hablado de las “dos Españas”, una emocional y ciclotímica, otra racional e inquebrantable. Es la dualidad que condiciona a este país cada vez que debe interpretar la realidad que tiene ante sus ojos.

Una de estas Españas tiende a disfrutar al máximo con los triunfos deportivos de las grandes estrellas nacionales, sin preocuparse demasiado por la decadencia económica e institucional en la que está cayendo el país.

La otra España se siente incapaz de comprender que buena parte de la población se preocupe más por las vicisitudes de un balón que por el saqueo financiero y de derechos sociales y laborales que se está perpetrando dentro de nuestras fronteras.

Sin embargo, y aunque desde los poderes políticos y económicos se utilicen los triunfos deportivos para promover un patriotismo fatuo, amnésico y postizo, hay que señalar que es perfectamente compatible celebrar los triunfos y el buen juego de La Roja un día, y manifestarse contra los recortes sociales al siguiente. De hecho, sería una muestra de madurez colectiva saber dar a lo emocional lo que es de lo emocional, y a lo racional lo que es de lo racional.

Mucho más cuando la selección española de fútbol nos está dando la clave para superarnos como país. Sus éxitos no son fruto de la suerte o de una actitud cortoplacista, sino de una inversión a largo plazo que comenzó hace muchos años en las categorías inferiores de los principales clubes de nuestro país. Y es fruto también de la “estabilidad en el empleo” ofrecida a los componentes de La Roja, muchos de los cuales (Casillas, Xavi Hernández, Xabi Alonso, Puyol, Torres, Ramos, Villa) se encuentran en el entorno de las 100 internacionalidades, a pesar de su juventud.

La selección española de fútbol ha conseguido jugar, por tercera vez consecutiva, las semifinales de un gran campeonato, algo impensable hace tan sólo cuatro años y un mes. Un motivo de celebración eclipsado ahora por los antiguos momentos de gloria vividos en la Eurocopa 2008 y en el Mundial 2010.

Cuando Vicente del Bosque y sus 23 seleccionados emprendieron camino a Polonia hace tres semanas, eran conscientes de que se enfrentaban a su reto más difícil hasta el momento: el patriotismo fatuo, amnésico y postizo del que hablábamos antes sólo iba a considerar “normal” el triunfo final en la Eurocopa 2012. De ahí para abajo, todo sería fracaso.

Una actitud del todo injusta con un grupo humano que sigue deleitando a los aficionados y aficionadas de un deporte llamado “fútbol”, quizá como ninguna otra selección nacional lo ha hecho hasta el momento.

El miércoles, semifinales contra Portugal; si todo va bien, el próximo domingo, la final contra Alemania o Italia. Es la hora de disfrutar. Habrá tiempo para seguir reclamando que algunas de las recetas económico–deportivas que han hecho grande a España en el terreno futbolístico, se apliquen también al ámbito económico y social, con el fin de que la población española pueda sentirse orgullosa del país en el que vive, no sólo por sus éxitos balompédicos.

 

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