La exculpación de la condesa

21. enero 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Con Esperanza Aguirre, España siempre acaba volviendo al siglo XIX. La misma lideresa que nunca ha asumido responsabilidades políticas por haber nombrado a presuntos delincuentes y a privatizadores engominados para determinados puestos de máximo nivel institucional; la misma lideresa que estaba dispuesta a cambiar las leyes españolas para adaptarlas a los deseos de un cacique de los casinos; la misma lideresa que ha hecho bandera de la demagogia, la incultura y el populismo, acaba de ser exonerada de toda culpa por su vergonzosa tocata y fuga de los agentes de tráfico que la estaban multando.

Acaba de demostrarse que la justicia no es igual para todos, ya que si cualquier plebeyo hubiera protagonizado un incidente similar, con desobediencia a la orden de detenerse y derribo de la moto policial que bloqueaba el paso al vehículo sancionado, las consecuencias penales hubieran sido tan ineludibles como severas.

Pero tal como ocurría en el siglo XIX, la alcurnia política y nobiliaria de la presidenta del PP madrileño ha sido suficiente argumento para que un juzgado opte por una favorabilísima interpretación de la ley respecto a los intereses de la encausada.

En un país donde las declaraciones de los agentes del orden gozan de presunción de veracidad, y en el que una simple mirada desafiante a un antidisturbios puede ser motivo de detención por desórdenes públicos y desobediencia, el Juzgado de Instrucción número 14 de Madrid ha estimado que no hay pruebas de la desobediencia de Aguirre, ni de las lesiones causadas a los agentes en su huida, ni del derribo de la moto policial, ni de la negativa a detenerse durante la persecución a la que dio lugar su fuga por las calles de Madrid.

En este último punto, además, el auto judicial asume el principal argumento esgrimido en sus respectivas causas por personajes como la infanta Cristina o la exministra Ana Mato: no se dieron cuenta de nada. Según dice el juzgado sobre la condesa consorte de Bornos (más conocida como Esperanza Aguirre), “no ha quedado indiciariamente acreditado que concurra un elemento esencial, conforme a jurisprudencia, para que se pueda hablar de desobediencia, cual es que se percatase de la orden de detención que se le daba”. Tan alucinante como perturbador.

 

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