La flaqueza del federalismo

26. enero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Numerosas voces han argumentado durante los últimos años que el modelo autonómico de la Constitución de 1978 había ido demasiado lejos en algunas parcelas como la sanidad, la educación, la fiscalidad o los servicios sociales. El artículo 139 de la Carta Magna dice que “todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado”.

Sin embargo, durante las últimas décadas hemos comprobado que, en función de la comunidad autónoma de residencia, los pacientes de la sanidad pública tenían derechos diferentes; los alumnos recibían lecciones de Historia distintas; los empresarios disponían de mayores o menores ventajas fiscales; y la cobertura de los servicios y las prestaciones sociales era más o menos amplia.

Todo ello, en abierta contradicción con el artículo 138 de la Constitución, que habla del “equilibrio económico, adecuado y justo, entre las diversas partes del Estado español” y de la imposibilidad de que las diferencias entre los Estatutos autonómicos impliquen “privilegios económicos o sociales” para los habitantes de los territorios donde se aplican.

A pesar de ello, hay quienes profundizan en la equivocación cuando afirman que la respuesta al desafío independentista catalán pasa por un modelo federal que amplíe todavía más las competencias de las actuales comunidades autónomas, en detrimento del poder central. Café para todos, pero con buenas dosis de cazalla.

Con esta solución, podríamos ir despidiéndonos de la redistribución territorial de la riqueza establecida en varios preceptos de la actual Carta Magna (objetivo largamente anhelado por las burgesías catalana y vasca), así como de la igualdad de derechos de la ciudadanía, independientemente de su lugar de residencia.

Pero es que, además, el partido de ámbito estatal que con más fuerza ha defendido hasta ahora el modelo federal, Izquierda Unida, ha padecido en varias ocasiones las funestas consecuencias de aplicarlo en el interior de su organización.

En junio de 2011, tres diputados autonómicos de IU-Extremadura entregaban el gobierno de la región al popular José Antonio Monago, después de que Cayo Lara hubiese asegurado una y mil veces que IU jamás favorecería gobiernos de la derecha. Sin embargo, la estructura federal de IU se vio imposibilitada para cumplir su palabra, ya que los y las militantes extremeños secundaron la opción de sus tres diputados, en un ámbito de decisión que correspondía exclusivamente al territorio, y no a los órganos centrales de la formación.

Otro ejemplo más reciente es la decisión de las federaciones gallega y catalana de IU, de concurrir a las elecciones del 20-D en coalición con Podemos y otras fuerzas, cuando precisamente el líder de Podemos se había negado a extender estas confluencias al conjunto del Estado (malogrando, de paso, la única posibilidad de dar el sorpasso al PSOE).

Estas decisiones territoriales, en la que no ha podido intervenir la organización federal de IU por corresponder exclusivamente al ámbito autonómico, sólo ha servido para que los votos de IU en Galicia y Cataluña hayan ido a parar al grupo parlamentario de Podemos.

Es el flaco favor que el federalismo hace a las organizaciones políticas de ámbito estatal; algo que jamás afectará, por cierto, a Podemos, ya que es su líder supremo el que decide dónde hay confluencia y dónde no (sin consultar a sus órganos ni a sus bases), así como qué exgeneral de la OTAN llega de cunero a la lista de Zaragoza dinamitando las primarias, o qué cuneros de Zaragoza okupan la lista de Huesca, en contra del criterio de los militantes de ese territorio.

 

Tags: , , , ,

Comentarios cerrados