La hipocresía de los emergentes

8. abril 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Pocos días antes de celebrarse las últimas elecciones generales, Jordi Évole consiguió que Pablo Iglesias y Albert Rivera conversasen ante las cámaras en la mesa de una cafetería. En aquel momento, los líderes de los dos partidos emergentes se disponían a hacer que el bipartidismo fuera cosa del pasado en nuestro país.

Esta tertulia de café evidenció más coincidencias programáticas de las que cabía esperar, aunque Iglesias y Rivera también señalaron diferencias en algunos asuntos.

Luego llegaron las elecciones, el bipartidismo no murió pero quedó herido de gravedad. Pervivió la tendencia del votante español a colocar al PP y al PSOE como protagonistas de la escena política, aunque se incorporaron a la obra dos actores secundarios con un buen número de frases.

La matemática parlamentaria sólo ofrecía tres posibilidades viables: una gran coalición PP-PSOE (a favor de la que, curiosamente, el dios Mercado ha presionado muy poco), un pacto de centro-izquierda con PSOE, Podemos y Ciudadanos, o la repetición de las elecciones.

Descartada la primera, ayer comenzó a explorarse la segunda para evitar que lleguemos a la tercera. Y lo más curioso es que esa panoplia de coincidencias entre Podemos y Ciudadanos que los telespectadores de La Sexta observaron en aquella tertulia de café, se convirtió ayer en un campo minado por discrepancias y líneas rojas.

Diríase que uno de los defectos de la clase política española es que su preocupación no consiste en alcanzar razonables puntos medios de acuerdo tras negociar con otras fuerzas, sino en adivinar qué pensará su electorado si abandonan o rebajan tal o cual aspiración programática. Un antiguo vicio de la vieja política, que se ha trasladado intacto a los nuevos actores secundarios de la política española.

¿Es creíble que Podemos y Ciudadanos no puedan olvidarse de sus respectivas propuestas extremas, para alcanzar con el PSOE un acuerdo centrado en la justicia social, la recuperación de las libertades públicas perdidas, la construcción de un modelo educativo sensato, la promulgación de una ley electoral justa, la progresividad de los impuestos o la persecución de los grandes evasores fiscales?

Si la respuesta es “Sí”, no cabe duda de que en aquel programa de Jordi Évole, los líderes de Podemos y de Ciudadanos se limitaron a realizar un ejercicio de hipocresía, cuyo único propósito era quedar bien ante sus respectivos electorados, sin que importaran demasiado los contenidos.

Si la respuesta es “Sí”, tampoco cabe duda de que Podemos y Ciudadanos van a convertirse en la mejor cura para el bipartidismo, ya que no es preciso discurrir mucho para llegar a la conclusión de que su irrupción en la escena política coincide con la primera situación de ingobernabilidad que vive este país en las últimas cuatro décadas.

 

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