La Huelga General, a pesar de UGT y CCOO

12. marzo 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cuando UGT y CCOO convocaron una Huelga General el 29 de septiembre de 2010 contra la reforma laboral aprobada tres meses antes por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, este diario mantuvo en reiteradas ocasiones que era preciso secundar la convocatoria, a pesar de quiénes eran los convocantes.

La razón era simple: después de décadas de permanente compadreo entre las cúpulas sindicales, patronales y gubernamentales en el marco del llamado “diálogo social” (que se demostró falaz cuando la clase empresarial española liquidó millones de puestos de trabajo sin explicar dónde había guardado los beneficios de la época del ladrillo), UGT y CCOO carecían de la credibilidad necesaria para detener un país por completo.

Sin embargo, la agresión contra derechos y salarios que traía consigo la reforma laboral de Rodríguez Zapatero (dictada al completo por el dios Mercado y sus profetas) constituía una razón más que suficiente como para que los trabajadores y trabajadoras de este país mostrasen su desacuerdo.

Año y medio después de aquellos acontecimientos, las cosas han empeorado notablemente. UGT y CCOO han perdido todavía más credibilidad al firmar en febrero de 2011 una reforma de pensiones innecesaria, antisocial y decididamente neoliberal; y en enero de 2012 un acuerdo sobre moderación salarial que vuelve a perjudicar las rentas del trabajo sin fijar ningún compromiso concreto sobre los beneficios empresariales.

Por otra parte, el nuevo Gobierno del Partido Popular acaba de aprobar una reforma laboral que vuelve a poner en manos de los amos del cortijo nacional el látigo que el Estado del Bienestar les había arrebatado. Si la posibilidad de despedir a un trabajador o trabajadora por estar de baja médica prolongada es un acicate para crear empleo (como el PP argumenta), podemos imaginarnos la calidad del empleo y la cuantía de los salarios que esperan a la clase trabajadora española durante los próximos años.

A esta nueva realidad cabe sumar la hipocresía del PSOE, que ahora se manifiesta en las calles contra la reforma laboral de Rajoy después de no haberlo hecho contra la de Rodríguez Zapatero (a pesar de que ambas comparten la misma filosofía económica); y la extrema demagogia del PP y de sus corifeos mediáticos, que en su argumentario conjunto se atreven a lanzar a los parados contra quienes muestran su oposición a esta reforma laboral.

Pues bien, a pesar de los sindicatos convocantes, de su vergonzosa historia reciente, de la hipocresía del PSOE, y de la demagogia ultraliberal del PP, es preciso secundar la Huelga General del 29 de marzo, simplemente, porque un pueblo jamás debe tolerar que unos cuantos caciques intenten colocarle las cadenas de la opresión.

 

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