La huida de Rajoy

11. abril 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Si mantienes encendidas tres bombillas y apagas una, tendrás un 33% menos de luz que antes. Si apagas dos, la reducción lumínica será del 66%. Esta simple operación, que bien podría pertenecer a cierto programa infantil de marionetas de peluche, parece ininteligible para las atormentadas mentes neoliberales de quienes nos gobiernan.

Después de una reforma laboral absolutamente contraria a los intereses de los trabajadores y trabajadoras de este país, después de la presentación de unos Presupuestos Generales del Estado que canonizan la reducción del gasto público, y después de un recorte adicional de 10.000 millones en las partidas dedicadas a Educación y Sanidad, la respuesta del dios Mercado ha sido un importante descalabro bursátil (–2,96%), y un no menos inquietante incremento de la prima de riesgo española, que ayer se situaba en los 433 puntos básicos.

Ha pasado ya el alivio momentáneo que supusieron las inyecciones de liquidez realizadas por el Banco Central Europeo. Incluso algunos analistas afirman que esta entidad comunitaria ha alcanzado el límite de su margen de maniobra.

Ahora lo que hay detrás de las falsas apariencias que nos intentan transmitir los aparatos público–privados de propaganda, es un país incapaz de generar riqueza, en parte a causa de las medidas restrictivas del gasto público adoptadas primero por Rodríguez Zapatero y luego por Rajoy, en parte por la cicatería de una clase empresarial que sigue atesorando sus riquezas en paraísos fiscales a la espera de que llegue la próxima reforma antisocial.

¿Qué hará ahora Mariano Rajoy? ¿Recortará más miles de millones de euros? ¿Seguirá destruyendo el Estado del Bienestar para contentar a los Mercados? ¿Continuará situando las ambiciones de quienes más tienen por encima de las necesidades básicas de la mayor parte de la ciudadanía?

De momento, ayer Rajoy sólo demostró que sabe salir huyendo, como un conejo asustado, de los periodistas que le esperaban en el pasillo principal del Senado. El gesto propio de un cobarde o de un ignorante (es difícil determinar cuál de las dos posibilidades es la más grave para España) que confirma la necesidad de que el Gobierno dimita y convoque elecciones anticipadas, tal como reclamábamos ayer en este mismo espacio.

 

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