La ideología que se olvidaba de los trabajadores

8. octubre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Día Mundial del Trabajo Digno fue conmemorado ayer con cientos de reflexiones procedentes de diversos foros y coincidentes en la necesidad de que se impulse la dignificación salarial y laboral como motor del desarrollo económico sostenible. La OIT advertía que el número de trabajadores pobres (es decir, los que perciben un salario inferior al 60% de la media) ha aumentado en España cuatro puntos en lo que llevamos de siglo, y ya se sitúa en el 22,2% del total.

Por su parte, Cáritas –organización poco sospechosa de sintonizar con la izquierda radical– señalaba que en el 53% de los hogares españoles que reciben su ayuda, hay al menos un miembro con trabajo.

Paralelamente, la patronal española emitía uno de sus habituales rebuznos a través de sus organizaciones CEOE y Cepyme. Entre las medidas que ahora proponen los muñidores de la crisis neoliberal, destacan abaratar el despido, ahondar en la temporalidad del empleo (descausalizándolo e incorporando un nuevo contrato para personal procedente de las ETT), flexibilizar los salarios y rebajar las cotizaciones sociales.

Está claro, pues, que la patronal española no está por la labor de incluir la dignificación salarial y laboral como motor del desarrollo económico sostenible. De hecho, la dignidad de los trabajadores y la sostenibilidad económica son dos conceptos completamente desconocidos para los grandes empresarios de este país. Su lema está claro: si para incrementar nuestros beneficios es preciso que haya trabajadores pobres y precarios, que los haya, aunque su existencia sea la semilla de nuevas crisis cíclicas del capitalismo; ¡ya nos rescatará el Estado!

Para los miembros de la CEOE y de Cepyme, la economía no es la “administración eficaz y razonable de los bienes” (como dice la primera acepción del término en el Diccionario de la RAE), ni tampoco la “ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos” (como dice la tercera), sino un conjunto de artificios orientados a incrementar sus patrimonios personales y los de todos los inversores que acuden al gran casino financiero mundial.

Esta aberración conceptual seguirá existiendo mientras los grandes empresarios y los especuladores sin fronteras continúen ejerciendo el poder económico, sin cortapisas sociales o institucionales; y sobre todo, mientras millones de trabajadores sigan depositando su confianza electoral en partidos de ideología neoliberal.

 

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