La importancia de decir “NO”

18. agosto 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Congreso de los Diputados abre hoy el curso político con una discomóvil en honor al bipartidismo, en la que se pincharán, sobre todo, intervenciones favorables al tercer rescate griego. Los intervinientes de las bancadas popular y socialista (así como las de las derechas nacionalistas) coincidirán en afirmar que el apoyo al rescate es un gesto de solidaridad con el pueblo griego, pero la realidad es bien distinta.

Apoyar el rescate es apuntalar el catecismo neoliberal que, en buena medida, ha conducido a Grecia a la situación en la que se encuentra. Apoyar el rescate es reforzar a un primer ministro griego que alcanzó el cargo prometiendo lo contrario de lo que ahora está proponiendo. Apoyar el rescate es salvaguardar los intereses de los acreedores de Grecia, a costa –una vez más– de los derechos sociales y del bienestar económico del pueblo heleno.

Lo que no han tenido en cuenta aquellos que hoy van a decir “SÍ” al tercer rescate griego en el Congreso (y los que –como Pablo Iglesias– todavía no son diputados pero han reconocido que harían lo mismo que está haciendo Alexis Tsipras en Grecia), es que el soberano pueblo griego dijo “NO” al neoliberalismo, tanto en las elecciones generales del pasado 25 de enero, como en el referéndum del 5 de julio.

Ni los recortes, ni las privatizaciones, ni las desregulaciones servirán para que ningún país alcance la prosperidad económica y la justicia social. Y en el caso de que, tras el paso de estos tres jinetes del apocalipsis neoliberal, se detecte una mejoría en las cifras macroeconómicas de un Estado, habrá que recordar que ésta se deberá sólo a una mayor permisividad momentánea frente al libertinaje económico preconizado por el neoliberalismo. A la larga, siempre habrá países que ofrezcan salarios más bajos, impuestos más regresivos, derechos sociales más reducidos, y dictaduras económicas mejor disimuladas.

Pan para hoy y hambre para mañana; chantaje para hoy y déficit democrático para mañana; dinero líquido para hoy y esclavitud económica para mañana. Esta es la lógica de los grupos parlamentarios que hoy van a votar “SÍ” en el Congreso, y también la de Pablo Iglesias, ese redentor de pacotilla que reconoce que si alcanzara el poder en España sería tan fiel al mandato de sus votantes como lo está siendo Alexis Tsipras en Grecia.

 

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