La independencia de Donetsk y Lugansk

12. mayo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Una amplia mayoría social acudió ayer a las urnas instaladas en las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk para reclamar la independencia de ambos territorios. Con niveles de participación del 74,9% y del 81%, respectivamente, el 96,78% de los votantes de Donetsk y el 95% de los de Lugansk, se mostraron a favor de la independencia respecto al gobierno de Kiev.

Seguramente, estos comicios no cumplen con los estándares occidentales de pureza electoral a los que estamos acostumbrados. Lo que hemos visto en Donetsk, en Lugansk o antes en Crimea no es una campaña de confetis y globitos seguida por una jornada de votación en la que siempre ganan quienes más dinero tienen, sino una mayoría social que irrumpe en la vida pública para evitar ser moneda de cambio en manos de nadie.

Una prevención perfectamente justificada si tenemos en cuenta que lo que hay en Kiev desde el 22 de febrero pasado no es un gobierno democráticamente elegido que respete los Derechos Humanos, sino un conjunto de golpistas ultraliberales aupados al poder por neonazis armados hasta los dientes, que no tiene el menor reparo a la hora de lanzar a su ejército contra la población civil, y que tampoco hace ascos a la metodología del incendio como medio para desalojar un edificio que permanece ocupado por adversarios políticos.

En este contexto, y con el precedente de todas las arbitrariedades que se han cometido en este territorio durante las últimas décadas (cesión arbitraria de Crimea a Ucrania por parte de Kruschev, desmembración arbitraria de la URSS en quince Estados independientes, arbitraria y violenta toma del poder por parte de los golpistas prooccidentales del Euromaidán, etc.), lo humanamente comprensible es que las poblaciones se orienten hacia los Estados en los que se sienten más protegidas por compartir con ellos lazos nacionales, históricos, culturales, lingüísticos y étnicos. Al fin y al cabo, los procesos independentistas de Donetsk y Lugansk son tan razonables o tan absurdos como los que Occidente fomentó en Ucrania, Moldavia, Tayikistán, Kirguizistán, Montenegro, Turkmenistán o Kosovo.

Darle cualquier otra interpretación a lo ocurrido ayer en las regiones de Donetsk y Lugansk supone un intento de gestionar territorios sin contar con la opinión de las personas que los habitan, algo que últimamente está sucediendo con demasiada frecuencia en la Unión Europea, tanto en la política interior como en la exterior.

 

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