La injustificada agresión a Libia

15. septiembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

No descubrimos nada nuevo si decimos que el poder ejerce un dominio casi absoluto sobre la opinión pública. Gracias a él, hace tiempo que se apagaron los ecos del Informe Chilcot, ese documento público que el pasado mes de julio demostraba con pruebas que la invasión de Irak en 2003 fue innecesaria, desproporcionada, chapucera, y por lo tanto, criminal.

Ninguno de los gobernantes de Las Azores ha sido procesado por ello, a pesar de que sus decisiones provocaron la muerte de 250.000 personas.

Esta impunidad institucional es la que ahora ha permitido que vea la luz otro informe institucional que dice cosas parecidas sobre la intervención aliada en Libia hace cinco años y medio.

Falta de “inteligencia”, exceso de entusiasmo bélico, oportunismo, temeridad institucional, imprevisión de las consecuencias,… son algunos de los errores que un informe del Parlamento británico achaca al gobierno de David Cameron, cuando en la primavera de 2011 decidió incumplir la Resolución 1.973 del Consejo de Seguridad (que sólo autorizaba a proteger a la población civil libia) para derrocar a Muamar El Gadafi y destruir el Estado libio.

Una razia en la que británicos y franceses se vieron acompañados por efectivos militares de Bélgica, Bulgaria, Canadá, Dinamarca, Emiratos Árabes Unidos, España, EEUU, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Noruega y Catar. Nunca una población civil había estado tan “protegida”.

Pues bien, el informe que ayer hizo público el Parlamento británico (y del que la opinión pública no recordará nada dentro de tres días) afirma que esta intervención militar sólo ha servido para fomentar una guerra civil entre tribus libias, para facilitar la labor de los traficantes de seres humanos en el norte de África, y para potenciar el asentamiento del Estado Islámico en el Magreb. La gestión de los pozos petrolíferos libios, curiosamente, no se menciona.

Antes de que este informe inculpatorio caiga en el olvido, conviene hacer una reflexión. Si una especie animal prolifera de forma natural cuando se reducen sus depredadores, ¿por qué las potencias occidentales han atacado en los últimos años a Irak, Libia y Siria, los tres máximos exponentes del mundo árabe progresista y laico, que actuaba como depredador natural del yihadismo?

Por lo tanto, ¿quién está contribuyendo a la propagación del yihadismo por el mundo?, y sobre todo, ¿quién se beneficia económicamente de la lucha militar contra el yihadismo?

 

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