La ley Wert y los jueces de la Gürtel

17. junio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Los partidos progresistas que se disponen a tomar el poder en la mayoría de las comunidades autónomas tras el 24M, han anunciado que una de sus primeras medidas será paralizar la ley Wert en sus respectivos territorios, hasta que las próximas elecciones generales traigan consigo un más que probable cambio de signo político en el gobierno central.

Se trata de una actitud acorde con la falta de consenso que ha rodeado la aprobación de las principales leyes aprobadas por la ilegítima mayoría absoluta del PP entre 2011 y 2015.

Pero además, la congelación y posterior derogación de la Ley Wert es una garantía de igualdad y de democracia a largo plazo. Si en el ámbito de la educación pública se instala un sistema elitista, será mucho más posible que los hijos y nietos de las élites alcancen los estudios superiores.

Si, dejando aparte las florináticas universidades privadas, llenamos las universidades públicas de los hijos y nietos de las élites, será mucho más probable que casos como el Gürtel sea juzgado por jueces manifiestamente cercanos al Partido Popular, que es una de las personas acusadas en el proceso.

Una verdadera democracia sólo existe cuando el poder judicial es independiente del poder político y de las élites económicas que lo manejan. Una verdadera democracia sólo puede darse cuando los hijos de los obreros tienen las mismas posibilidades de ser magistrados de la Audiencia Nacional que los hijos de los grandes empresarios.

Si en lugar de juzgar a la antigua cúpula financiera del PP por organización criminal y asociación ilícita, fuera Podemos quien se sentara en el banquillo, los portavoces populares y su caja de resonancia mediática hubieran hecho sonar las trompetas del apocalipsis si dos de los tres jueces del tribunal hubiesen participado asiduamente en los círculos de Podemos.

Pero lo normal en este país es que las élites protejan a las élites, sin que al pueblo se le permita elevar la más mínima protesta. Una justicia para los ricos, otra para los robagallinas. Huelga decir que los gobiernos socialistas y populares han fracasado durante décadas en la tarea constitucional de limar estas rebabas del neocaciquismo patrio; algunos, ni siquiera se lo han propuesto.

 

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