La magia del lenguaje y otras estrategias

27. enero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La magia del lenguaje puede hacer que las turbas de vándalos antisistema que asaltan edificios oficiales, hostigan al legítimo presidente del país y queman las avenidas ucranianas bajo la ley del cóctel molotov, reciban la denominación mediática de “oposición ucraniana”, mientras son tratados como héroes por una hipócrita Unión Europea.

La magia del lenguaje puede hacer que los terroristas sirios de Al–Qaeda que han organizado una sangrienta guerra civil en su país (con el apoyo de Europa occidental, Estados Unidos, Israel y las tiránicas monarquías árabes del Golfo Pérsico), reciban la apelación de “oposición siria” por parte de los mismos medios de comunicación occidentales que tienen a periodistas secuestrados por estos grupos criminales.

La magia del lenguaje puede hacer que el régimen de Rajoy y la caverna mediática califiquen de “terroristas callejeros” a los ciudadanos que salen a la calle a paralizar unas obras públicas inconvenientes, unas medidas económicas injustas, un atraco a las pensiones, o una política social inconstitucional y perpetrada con la única intención de desviar fondos públicos hacia la recuperación de un sistema bancario podrido de avaricia y mezquindad.

Esta magia del lenguaje viene normalmente acompañada por intereses estratégicos a largo plazo, que pueden referirse a la reducción de la influencia geoestratégica de Rusia en Ucrania, al derrocamiento de gobiernos laicos y progresistas en Oriente Medio para instalar en su lugar tiranías fundamentalistas e inestables, o a la criminalización de los movimientos sociales que se oponen a la Dictadura de los Mercados en el llamado “primer mundo”.

Este último punto ofrece además una derivada estratégica sumamente interesante. El gobierno municipal burgalés ha lanzado a los movimientos sociales el mensaje de que las instituciones sólo serán sensibles a las demandas ciudadanas cuando éstas vengan acompañadas por la quema de contenedores en la vía pública. Quizá la intención última de este despropósito gubernamental es hacer creer a la ciudadanía que la violencia es el único camino posible, con el propósito oculto de imponer medidas antidemocráticas excepcionales cuando ésta se extienda.

De hecho, en el momento en el que el PP culmine en el Congreso su apuesta por recortar en España el principio de la jurisdicción universal para los crímenes de lesa humanidad, España reservará una respuesta penal mucho más contundente para quien queme un contenedor de basura en nuestro país, que para quien asesine (o haya asesinado) a 10.000 adversarios políticos en el extranjero. Los intereses político–económicos, por encima de la Justicia. La marca España.

 

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