La mano que mece la economía

10. agosto 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Instaladas en el olimpo de la arrogancia, las grandes instituciones económicas que de forma cotidiana chantajean a los gobiernos sobre las medidas a aprobar, sienten cada vez menos pudor a la hora de exhibir públicamente sus contradicciones y su inequívoca apuesta por salvaguardar la acumulación de riqueza en manos de unos pocos, en detrimento de la mayoría.

Los últimos ejemplos los acaban de ofrecer el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE). La primera de estas instituciones ha señalado en su último informe que los recortes presupuestarios aprobados por el régimen de Rajoy “tendrán un impacto significativo en el crecimiento” durante los próximos meses, y vaticina una caída del PIB en España del 1,7% para este año (frente al 1,5% previsto antes de conocerse el contenido del Recortazo) y del 1,2% para 2013 (muy por encima del 0,6% pronosticado inicialmente).

Sin embargo, y después de reconocer que el Recortazo de Rajoy empobrecerá a España más de lo previsto, el FMI afirma que las medidas de Moncloa son correctas puesto que ayudarán a reducir el déficit público. Del sufrimiento de las personas que pierdan su empleo durante el próximo año y medio como consecuencia de esta nueva recesión provocada por Rajoy, o de las que vean reducidos sus salarios y prestaciones haciendo imposible la tarea de llegar a fin de mes, o de las que tengan que responder “no hay” a un niño cuando pida su merienda, el Fondo Monetario Internacional no dice nada.

Más vergüenza ajena produce el contenido del boletín mensual de agosto del Banco Central Europeo (BCE). Según esta institución pública presidida por el banquero Mario Draghi, en los países de la eurozona con elevadas tasas de desempleo es preciso reducir los costes laborales y los márgenes de beneficio empresarial excesivos.

Para lo primero, el BCE propone medidas legislativas como reducir el salario mínimo interprofesional, suavizar las leyes de protección laboral, recortar las indemnizaciones por despido, propiciar la negociación colectiva a nivel de empresa o desligar los incrementos salariales de la tasa de inflación.

Para lo segundo, el BCE propone retirar los obstáculos a la libre competencia.

La lógica de la mano que mece la cuna de la economía no sólo resulta profundamente antisocial sino que también es manifiestamente perversa: primero “aconsejan” a los Estados que apliquen recortes presupuestarios, luego reconocen que estos recortes presupuestarios generan un incremento del desempleo, y finalmente “sugieren” que para atajar el paro hay que reducir los salarios y eliminar los derechos laborales.

Como hemos denunciado reiteradamente en este diario, quienes hoy manejan los hilos de la economía mundial y local son unos trileros cuyo éxito depende en exclusiva del nivel de ilusión que sean capaces de generar entre sus víctimas.

 

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