La mentira de la libre competencia

26. febrero 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El concepto de la “libre competencia” es uno de los pilares de la ideología económica liberal. Según este principio, productores y consumidores acuden al mercado en pie de igualdad para fijar con sus transacciones, y de forma natural, un precio justo que acaba beneficiando a ambos. Extrapolando este mecanismo al conjunto de la sociedad, tenemos la famosa “mano invisible” teorizada por Adam Smith, como una especie de semidiós que distribuye los recursos entre la población con sabiduría y ecuanimidad.

Todo mentira. Una teorización tan pueril como ésta nunca tuvo posibilidad alguna de aprobar el examen de la realidad.

Una realidad que demuestra cada día cómo el concepto de la “libre competencia” sólo sirve para sacralizar el egoísmo humano en beneficio de unos pocos que juegan con el mercado manipulado a su favor. Tan a su favor, que han llegado incluso a apropiarse del concepto cuando hablan de “los mercados” como la parte de la ecuación económica en la que ellos se sitúan, frente a los Estados y a los ciudadanos, que constituyen la otra parte.

Así pues, “el mercado” ha dejado de ser ese ente neutro y mediador que proponía Adam Smith, para convertirse en juez, parte y deidad de la actividad económica.

Un buen ejemplo de esta transición perversa la encontramos ayer en la noticia de que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) había impuesto unas multas estratosféricas a varias empresas petroleras por falsear la libre competencia acordando precios en beneficio propio.

Las dos mayores sanciones son de 20 millones de euros para Repsol y de 10 millones para Cepsa, cantidades ciertamente impactantes hasta que las comparamos con los beneficios que obtuvieron estas compañías sólo en el periodo enero-septiembre de 2014: 1.646 millones de euros en el caso de Repsol, y 121 millones en el caso de Cepsa, de los cuales 642 millones correspondieron al segmento de Refino y Comercialización en las cuentas de Repsol, y 91 en las de Cepsa.

Dicho de otro modo: imaginemos a un ladrón de obras de arte que entre enero y septiembre de 2014 obtuvo de sus robos un beneficio de 642.000 euros. Tras ser identificado por la Policía, recibe una sanción administrativa “estratosférica” de 20.000 euros, ya que su conducta no está tipificada como delito, y por lo tanto, no se le puede imponer pena de cárcel ¿Alguien piensa que este ladrón dejaría de robar obras de arte?

Así pues, las petroleras seguirán robando legalmente a los ciudadanos, un fenómeno que ya fue denunciado hace dos años y medio por la Comisión Nacional de la Competencia (antecesora de la actual CNMC), cuando publicó un informe en el que reflejaba la manipulación de precios en el sector. Lo decepcionante, es que la CNC atribuía aquella circunstancia a la escasa competencia existente en el sector, sin ni siquiera molestarse en comprobar que la “libre competencia” es sólo un mito.

 

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