La mentira de la vicepresidenta

14. octubre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La vicepresidenta Sáenz de Santamaría se ha sumado a la larga lista de gobernantes que se niegan a dimitir después de haber sido pillados in fraganti cuando mentían al pueblo soberano. La semana pasada fue especialmente penosa en este sentido, después de que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, afirmase en sede parlamentaria que los salarios no están bajando en España, sino que están “creciendo moderadamente”.

Pues bien, Sáenz de Santamaría remataba el viernes señalando que su Gobierno ha detectado un fraude de “más de medio millón de personas” que estaban cobrando la prestación por desempleo mientras trabajaban “fraudulentamente en B”. Dejando aparte el hecho de que la vicepresidenta no está precisamente en el mejor partido para sentar cátedra sobre el concepto “dinero B”, lo mínimo que se puede exigir a una responsable del Gobierno de España es que sepa de lo que habla.

Minutos después de realizar estas escandalosas declaraciones, el propio Ministerio de Empleo (entidad responsable del informe sobre fraude en el desempleo al que aludía Sáenz de Santamaría), desmentía a la vicepresidenta señalando que tan sólo 5.833 personas habían perdido su prestación por cometer los fraudes a los que se refería la número dos del régimen de Rajoy, y que la cifra de 520.572 incidencias detectadas incluye todo tipo de irregularidades leves como, por ejemplo, no sellar la tarjeta del paro.

En función de que exista o no mala fe en las declaraciones de Sáenz de Santamaría, pueden establecerse dos hipótesis de trabajo: a) la vicepresidenta del Gobierno de España desconoce el contenido de lo que está exponiendo en rueda de prensa, o b) la vicepresidenta pretende engañar a todo el mundo con datos falsos. Teniendo en cuenta la endeblez de la mentira, lo más probable es que Sáenz de Santamaría no tuviera ni idea de lo que estaba hablando.

Sin embargo, el elemento intencional de este triste episodio debería ser irrelevante, ya que lo cierto y constatable es que Sáenz de Santamaría engañó al pueblo durante su comparecencia del pasado viernes, lo que debería conducir directamente a su dimisión, al menos en un país esencialmente democrático y vocacionalmente serio.

 

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