La necesaria dimisión de Felip Puig

14. diciembre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cuando se descubre que un cargo público ha mentido en sede parlamentaria, quedan pocas opciones más allá de su dimisión irrevocable. Sin embargo, el consejero de Interior en funciones del gobierno catalán, Felip Puig, se limitó ayer a poner su cargo a disposición del presidente en funciones, Artur Mas (que le ratificó en su puesto), después de que las pruebas periodísticas desbarataran las mentiras que contó en el Parlament de Cataluña acerca de la actuación policial del 14–N, como consecuencia de la cual perdió un ojo la manifestante Esther Quintana.

Puig se escuda en que su versión partía de una información “incompleta” aportada por el jefe de los antidisturbios autonómicos, Sergi Pla, que sí ha sido cesado de manera fulminante.

Sin embargo, esta es una pobre excusa ya que, si Puig carece de la valentía para dimitir por haber mentido al Parlament, al menos debería hacerlo después de que se haya demostrado que no controla a las fuerzas policiales que dirige.

Destacar que en este país, que cada vez se parece más a las repúblicas bananeras, todavía no hay consecuencias disciplinarias ni penales para los autores y encubridores de esta salvaje agresión contra una ciudadana que únicamente ejercía su derecho constitucional a manifestarse.

Y destacar también que la mentira de Puig no se hubiera descubierto de no ser por la imprescindible labor de quienes informan y documentan el desarrollo de las protestas sociales, una ventana orientada hacia la verdad que los Moncloa Boys están pensando cerrar.

 

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