La nefasta gestión de Cándido Méndez

11. marzo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La despedida de Cándido Méndez como secretario general de la Unión General de Trabajadores deja tras de sí 22 años de gestión nefasta, caracterizada por el progresivo deterioro de la situación laboral de la clase trabajadora, por la excesiva institucionalización del sindicato, y en consecuencia, por la pérdida de credibilidad del mismo entre aquellas personas a las que se supone que debía defender.

Así, la aparición de casos puntuales de corrupción en determinados cargos sindicales de UGT, es casi un hecho anecdótico frente al peor error cometido durante las últimas décadas por Cándido Méndez y por sus tres homólogos coetáneos en CCOO (Antonio Gutiérrez, José María Fidalgo e Ignacio Fernández Toxo): haber abandonado la lucha ideológica, mientras su contraparte empresarial promocionaba sin complejos la ideología neoliberal cada vez que tenía ocasión.

El resultado, casi un cuarto de siglo después, es desolador: la mayoría de los trabajadores y trabajadoras sufren el “qué”, pero desconocen el “por qué”. Una base de barro a la hora de pedirles que realicen un esfuerzo reivindicativo a favor de ellos mismos y de la clase social a la que pertenecen.

En ocasiones anteriores hemos citado en este mismo espacio las palabras que pronunció el multimillonario norteamericano Warren Buffett cuando el New York Times lo entrevistó en 2006: “claro que hay una lucha de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que lucha y la que la está ganando”. Pues bien, ni Cándido Méndez ni los últimos secretarios generales de CCOO han querido o sabido ver esta realidad.

En este momento, los dos grandes sindicatos españoles son herramientas perfectamente inútiles para contrarrestar el avance del neoliberalismo, no sólo en el terreno económico, sino también en el cultural. UGT y CCOO han optado por convertirse en sindicatos de servicios orientados a la defensa jurídica del trabajador dentro de lo marcado por la ley. Sin embargo, son absolutamente incapaces de evitar que las leyes se vayan modificando siempre en perjuicio del trabajador.

Esperemos que los sustitutos de Méndez y de Toxo cambien la orientación de sus respectivas organizaciones sindicales. De lo contrario, podría pensarse que, al igual que sus antecesores, tenían decidido de antemano traicionar conscientemente los intereses de la clase trabajadora.

 

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