La pésima gestión del legado Expo

14. abril 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La cazurrez, el tradicionalismo, la cicatería y la mentira son los cuatro jinetes del apocalipsis que han sufrido los edificios emblemáticos de la Expo de 2008 tras la clausura de la muestra. De nada ha servido que el Gobierno de Aragón cediera la Torre del Agua a la CAI y el Pabellón Puente a Ibercaja para que llenasen de contenido estos espacios públicos. De nada han servido las propuestas y el trabajo altruista realizados por determinadas instancias sociales e institucionales ajenas a la gestión de este legado urbanístico y cultural.

La realidad y el tiempo han dictado sentencia, y han dicho que lo único que el Gobierno central sabe hacer con el Pabellón de España, es lo mismo que el Gobierno de Aragón sabe hacer con el Pabellón Puente, con la Torre del Agua y con el Pabellón de Aragón: tenerlos cerrados a cal y canto, no vaya a ser que con su belleza extrema, sus formas imposibles y su exclusividad arquitectónica, se conviertan en un segundo polo de atracción turística para quienes visitan la capital aragonesa.

Cualquier lugar civilizado del mundo aprovecharía al máximo la circunstancia de reunir en un espacio de 25 hectáreas obras sublimes de Zaha Hadid, Patxi Mangado, Olano y Mendo, Enrique de Teresa, Jaume Plensa, Javier Manterola, Juan José Arenas o Pere Gifre.

Pero, por lo que parece, no hay mucha civilización en el Ejecutivo autonómico aragonés, propietario al 97,7% de la empresa pública que se encarga de gestionar y desarrollar el legado que la Expo dejó en la capital aragonesa. De hecho, después de casi siete años de cierre por dejación institucional, al consejero Rafael Fernández de Alarcón sólo se le ocurre proponer que el voluntariado de la Asociación Legado Expo Zaragoza 2008 se siga haciendo cargo este verano, como en años anteriores, de unas visitas guiadas a la Torre del Agua, en las que unos grupos reducidos de visitantes puedan acceder a su interior durante determinados días, mediante un sistema de cita previa.

Un caramelo totalmente anacrónico y absolutamente insuficiente que, por el bien de la ciudad, esperemos que los dirigentes de esta asociación no vuelvan a tragarse. El tiempo de las visitas reducidas para cubrir el expediente ya pasó. Ha llegado el momento de que los responsables institucionales se tomen en serio el legado de la Expo, o que dimitan, en el caso de que se sientan incapaces de desarrollarlo. Los paños calientes, las medias tintas, las mentiras a la prensa y las dilaciones institucionales, deben dejar paso a un compromiso real de nuestros gobernantes por convertir los edificios emblemáticos de la Expo en un espacio vivo, abierto y vinculado a la promoción turística de Zaragoza y de Aragón.

 

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