La pobreza infantil y sus culpables

28. marzo 2014 | Por | Categoria: Editorial

“Las medidas de austeridad han fallado a la hora de solucionar los problemas y de generar crecimiento”. Estas acertadas palabras no fueron pronunciadas ayer por ningún sindicalista, activista social, político de izquierdas, manifestante del 22–M o detenido de los calabozos de Moratalaz. La frase pertenece a Jorge Nuño, secretario general de Cáritas Europa, que como todo el mundo sabe, es una organización dependiente de la Iglesia católica.

La afirmación está fundamentada en las conclusiones del último informe de la entidad, difundido ayer desde Atenas. Según el estudio, España es el segundo país de la UE con mayor tasa de pobreza infantil, con un 29,9% de menores afectados, frente a un ya de por sí altísimo 21,4% de media en la Unión Europea.

La pobreza energética sufrida por los niños, el abandono escolar, la ausencia de horizontes profesionales o las consecuencias psicológicas a largo plazo, son lacras aparejadas a la actual política económica del régimen de Rajoy.

Sorprende que después de este severo toque de atención lanzado desde la Iglesia, los miembros del gabinete de Rajoy que más destacan por su fervor católico no hayan dimitido hoy mismo de sus responsabilidades ministeriales. Su permanencia en el Gobierno sólo puede indicar que los Ruiz–Gallardón, Fernández Díaz, De Guindos, Báñez, etc. practican una fe de geometría variable, inquebrantable para las cosas de la moral, pero absolutamente prostituida a los caprichos del dios Mercado, en materia económica.

Quizá esta caterva de hipócritas y fariseos debería repasar la doctrina social de la Iglesia, e incluso escuchar de vez en cuando las homilías en las que los sacerdotes de barrio advierten, no sólo de las dificultades alimentarias por las que atraviesan cada vez más vecinos, sino también de la vergüenza que les atenaza cuando se acercan a pedir ayuda a la parroquia.

Ahí radica precisamente la infinita e intolerable crueldad de los muñidores del austericidio: hacer que las víctimas se sientan culpables de su propia desgracia, cuando resulta evidente que los verdaderos responsables hay que buscarlos en los Consejos de Ministros, en las cúpulas bancarias, en los organismos económicos internacionales, en los grandes fondos de inversión y en las urbanizaciones residenciales de lujo.

Es posible que, desde su sectarismo ultraliberal, quienes llevan hoy las riendas de la economía en España y en el resto de la UE estén convencidos de que su ideología es la que más soluciones puede aportar a la Humanidad; pero lo cierto es que, según atestiguan los números, sus medidas sólo traen pobreza, frío y hambre para los más débiles.

 

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