La razón de la fuerza

14. mayo 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Frente a la fuerza de la razón ejercida por quienes denuncian desde una actitud pacífica a quienes han provocado esta crisis y a quienes la agravan cada día con sus políticas neoliberales, se ha desplegado de nuevo la razón de la fuerza.

Una fuerza vestida de azul oscuro y coronada con casco negro, que debería avergonzar a quienes la ejercen.

El desalojo policial de los grupos de indignados que permanecían en la Puerta del Sol, en la plaza del Pilar, o en otros lugares de la geografía española a partir de las cuatro horas de la madrugada del sábado al domingo pasado fue un acto totalmente ilegítimo por resultar contrario a la Constitución española, que en su artículo 21 dice lo siguiente:

“Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes”

Bien,… no habiendo estas “razones fundadas”, es evidente que en lugar de obedecer a la Constitución Española, la Policía Nacional decidió obedecer las órdenes de un gobierno que antepone los intereses del capital sobre los de la población (algo que, por cierto, prohíbe el artículo 128 de la propia Carta Magna).

Pero además, y sobre todo, fue un acto de profunda cobardía, ya que según las ilegítimas órdenes del Gobierno de España, la presencia de manifestantes en la Puerta del Sol era “ilegal” desde la medianoche, momento en el que “los valientes” antidisturbios de nuestro país decidieron no actuar, ante la presencia de decenas de miles de personas en la Puerta del Sol.

Por el contrario, esperaron a que se hicieran casi las 5 de la madrugada para desalojar violentamente a los pocos cientos que allí permanecían pacíficamente y sin causar ninguna “alteración del orden público”.

Si no se actúa contra una concentración ilegal a las doce y un minuto, ¿por qué hacerlo a las cuatro horas y cincuenta minutos? Seguramente, había que esperar a que los “oponentes” fueran pocos; lo de menos, es que fueran tan pacíficos como cuando eran muchos.

Todas y todos sabemos que para ser un buen antidisturbios no es necesario tener un buen cerebro, basta con un simple cuerpo capaz de pegar porrazos a diestro y siniestro; los policías inteligentes, los que a veces resuelven asesinatos, robos y delitos bancarios son otros, y suelen ir sin uniforme.

Pero en todo caso, y por si todavía quedara algún gramo de inteligencia en esos fornidos cuerpos adiestrados para el estacazo y la burla hacia el manifestante, cabría recordarles que cabe la posibilidad de desobedecer órdenes injustas que contradigan la Constitución Española o el resto del ordenamiento jurídico del país, y que en una situación de crisis generada por banqueros sin escrúpulos y agravada por gobernantes incompetentes, provoca vergüenza ajena que los miembros de la Unidad de Intervención Policial (UIP) utilicen la misma fuerza física para proteger sedes bancarias, que para desalojar a manifestantes pacíficos o para desahuciar de sus viviendas a las víctimas inocentes de un sistema financiero injusto.

 

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