La rendición de Tsipras

16. julio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El pueblo griego ha escrito una página de su historia, ya que ha dejado atrás la catástrofe de la austeridad, el autoritarismo y la humillación”. Son palabras pronunciadas por Alexis Tsipras el pasado 25 de enero, minutos después de certificarse el triunfo de Syriza en las urnas.

Mintió. La “catástrofe de la austeridad” ha vuelto en forma de tercer rescate vinculado a medidas antisociales como la subida del IVA o la pérdida de poder adquisitivo de salarios y pensiones. “El autoritarismo” ha vuelto de la mano de un gobierno que, como los anteriores, envía a los antidisturbios contra su pueblo, en lugar de escuchar lo que ha dicho en referéndum. Y “la humillación” con la que los socios europeos han tratado a la “Grecia rebelde” de Tsipras es aún mayor de la que desplegaban contra la “Grecia sumisa” de Papandreu, Papadimos o Samaras.

Alexis Tsipras pertenece a ese grupo de políticos nefastos que encandilan a su pueblo con programas electorales que no piensan cumplir. Al primer ministro griego se le presupone la inteligencia necesaria para comprender que todo aquello que prometió en campaña sólo podía realizarse desde una soberanía económica que pasaba necesariamente por la salida de Grecia del euro.

Seis meses y un referéndum después, el gobierno de Syriza dice que ha cometido errores en las negociaciones con Bruselas, que no está en condiciones de cumplir su programa electoral, y que está dispuesto a alargar la edad de jubilación, a retirar las ayudas compensatorias a las pensiones más bajas, a reducir los derechos de los trabajadores, y a subir el tipo general del IVA hasta el 23%, con tal de recabar más dinero de aquéllos a los que hace poco más de una semana tildaba de “terroristas económicos”.

Las preguntas brotan por sí solas: ¿Y todo esto, para qué, señor Tsipras? ¿Le han coaccionado a usted personalmente? ¿Alguien ha amenazado de muerte a su familia? ¿A qué se debe su cambio de chaqueta?

En la Grecia de Vichy gobernada por Syriza, no habrá una quita de la deuda, ni una auditoría ejecutiva que separe la deuda legítima de la ilegítima. Tampoco habrá soberanía económica, ni siquiera “una solución beneficiosa para este país, sobre la base de los principios fundacionales de la Unión Europea”, como dijo el Petain de Atenas minutos después de su triunfo electoral.

Lo único que habrá en la Grecia de Vichy gobernada por Syriza será una nueva victoria del capitalismo salvaje. De nada sirvió la victoria en las urnas de la “izquierda radical” hace seis meses, y de mucho menos, el rechazo en referéndum a las medidas de la Troika hace once días. De hecho, la contestación más contundente al neoliberalismo occidental viene en estos momentos (y por razones de pura competencia), del nacionalismo ruso, del pragmatismo chino y del caritativismo vaticano; lo cual dice muy poco a favor de la izquierda transformadora europea.

Evidentemente, Tsipras debe dimitir y convocar nuevas elecciones, después de que tres de cada cuatro diputados de Syriza hayan traicionado el mandato que recibieron de sus votantes, y desoído la decisión mayoritaria del órgano de dirección de su partido, que horas antes de la votación en el Parlamento rechazaba el preacuerdo alcanzado con la Troika. Si el gobierno griego incumple su programa, tal como anunciaba Tsipras el pasado viernes, su mandato será tan ilegítimo como lo es el de Rajoy en España.

 

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