La retrasada Esperanza Aguirre

7. abril 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El pasado sábado y en medio de una entrevista concedida a la Agencia EFE, Esperanza Aguirre eructaba una de esas afirmaciones que sólo sirven para engañar a los más tontos de este país en la barra de un bar. La lideresa que engañó a todos diciendo que se retiraba de la vida política para cuidar a sus nietos, y que luego volvió acusando de su retorno a Podemos, afirmó que si esta formación política es votada como primera fuerza “se acabó la democracia occidental tal y como la conocemos”, ya que en su opinión, “habrá democracia y habrá votación, pero ya no será libre”.

Ciertamente, no sabemos qué pasaría si la formación de Pablo Iglesias llegara a ganar las elecciones, y cierto es también que algunas de las visiones ideológicas contrapuestas que se dan en su seno, llaman a la incertidumbre. Pero lo que resulta meridianamente claro es que la democracia no se acabará si llega a concretarse este supuesto, porque ya se acabó el día en el que Rodríguez Zapatero dobló las rodillas ante el dios Mercado.

En este sentido, Esperanza Aguirre llega con casi cinco años de retraso, por lo que una política tan retrasada no debería merecer la confianza del electorado.

La democracia, señora Aguirre, se acaba cuando un gobernante elegido en las urnas obedece las órdenes de los grandes poderes financieros internacionales, en lugar de escuchar la opinión del pueblo que le ha elegido.

La democracia, señora Aguirre, se acaba cuando un candidato a la presidencia del Gobierno presenta al electorado un programa falso que se dedica a incumplir al día siguiente de ser elegido, decretando medidas que jamás hubieran recibido el apoyo del pueblo soberano.

La democracia, señora Aguirre, se acaba cuando las instituciones de la Unión Europea dejan de respetar la decisión electoral del pueblo griego a favor de poner la economía al servicio de las personas.

La democracia, señora Aguirre, se acaba cuando se termina el Estado de Derecho, y eso incluye las intentonas institucionales de adaptar las leyes del país a los caprichos empresariales del señor Sheldon Adelson.

La democracia, señora Aguirre (y como usted misma dijo para desprestigiar al movimiento “Democracia Real Ya”), no tiene apellidos, porque sólo es democracia, es decir, “predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”, algo totalmente contrario a su ideología ultraliberal que apuesta por el “predominio de los grandes poderes económicos y financieros en el gobierno político de un Estado”.

 

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