La Tasa Vergüenza

7. mayo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cuando los zorros son los encargados de velar por los derechos gallináceos de los habitantes del gallinero, poco se puede esperar. Tan poco como cuando unos cuantos banqueros travestidos de políticos acuerdan impulsar una tasa sobre transacciones financieras especulativas en el seno de la Unión Europea. Lo que ayer perpetraron en Bruselas los ministros de Economía de la UE no debería llamarse “Tasa Tobin” (por respeto al economista que ideó este mecanismo de redistribución de la riqueza), sino “Tasa Vergüenza”.

Sólo diez de los veintiocho Estados miembros de la UE aplicarán una pequeña broma tributaria que llega escasa en territorio, tardía en el tiempo y diminuta en el tipo impositivo.

Frente a políticas europeas de obligado cumplimiento para los países integrados en la UE como las de reducción del déficit público o las de privatización de servicios públicos y suministros básicos, la Tasa de la Vergüenza sólo se aplicará en Alemania, Francia, Italia, Portugal, Grecia, Austria, Bélgica, Estonia, Eslovaquia y España. Era de esperar que no estuvieran presentes en esta lista el paraíso fiscal luxemburgués y el centro de especulación mundial que el Reino Unido mantiene en la City londinense; pero no por más previsto, este dato resulta menos indignante.

Por otra parte, el efecto redistributivo al que esta tasa estaba originalmente orientada, se diluye tras conocer la estimación de recaudación ofrecida por el ministro español de Economía, Luis de Guindos (antiguo responsable de Lehman Brothers en nuestro país hasta la quiebra de la compañía): 640 millones de euros. Unas migajas que apenas molestan a quienes detentan el poder económico, y que sin embargo, posibilitan la existencia de titulares cómodos para quienes sostienen una lucha ficticia contra la desigualdad y la injusticia social que ellos mismos generan.

Nuestros gobernantes han dejado escapar la oportunidad de practicar contra los culpables de la crisis la misma saña institucional que exhiben contra sus víctimas. Los ancianos, los parados, los dependientes y los precarios seguirán siendo expulsados violentamente de sus casas por agentes antidisturbios, mientras los especuladores encorbatados continúan riéndose a mandíbula batiente de la sociedad a la que vampirizan.

 

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