La UE xenófoba

4. marzo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Era cuestión de tiempo. Más pronto que tarde, la Unión Europea tenía que sustituir su inacción políticamente correcta en materia de asilo a inmigrantes, por un claro mensaje xenófobo y clasista, más acorde con su ADN neoliberal. Sucedió ayer en Grecia, ese país que hace un año se presentaba como la gran esperanza de la Europa de rostro humano, pero que tras la invasión de los tanques financieros de Bruselas, fue sometido de nuevo a los rigores de la Dictadura de los Mercados.

Allí acudió el presidente del Consejo de la UE, el polaco Donald Tusk, para entrevistarse con el Petain griego, de nombre Alexis Tsipras.

Tusk aprovechó la ocasión para dirigirse a los “migrantes económicos ilegales”, a quienes dijo literalmente: “no vengáis a Europa”.

Al decir “ilegales”, el presidente del Consejo de la UE quería decir “pobres”, ya que si los extranjeros fueran ricos, Europa les abriría inmediatamente sus puertas. El régimen de Rajoy, por ejemplo, realizó en 2013 una modificación legislativa para otorgar permiso de residencia automático a quienes llegaran a nuestro país con 1 millón de euros para ingresarlos en un banco español, o con el justificante de haber invertido 2 millones de euros en bonos del Estado, o con la intención de comprar una vivienda de más de 500.000 euros.

Lo que la escasa inteligencia de Tusk no es capaz de comprender es que el neoliberalismo produce desigualdad, y la desigualdad genera pobreza, y la pobreza provoca frustración, y la frustración suscita un deseo irrefrenable de emigrar a otras tierras con mejores condiciones de vida. Puede que un ciudadano del África subsahariana o de un campo de refugiados turco no tenga garantizado un porvenir laboral digno en la Unión Europea, pero el simple hecho de que en esta región del mundo esté al margen de guerras y hambrunas, puede ser tan emocionante para ellos como contemplar un parque lleno de fuentes por las que mana agua potable.

Los inmigrantes económicos y los refugiados de guerra van a seguir llegando mientras persista la situación de pobreza y de conflicto que viven a diario en sus países de origen. Es una constante a la que la UE y el resto del mundo desarrollado debería ir acostumbrándose sin recurrir a la xenofobia.

Sin embargo, la xenofobia manifestada por Tusk es la respuesta elegida por una UE que ya fracasó como Unión Económica y Monetaria (cuando las desavenencias entre sus socios bloquearon cualquier respuesta estructural a la crisis del euro, siendo sólo capaces de acordar el parche de la compra masiva de deuda soberana por parte del BCE), y que ahora está fracasando con la crisis de los refugiados, ya que sus Estados miembro son incapaces de afrontar un problema esencialmente humanitario y radicalmente económico.

 

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