La vigencia de Joaquín Costa

8. febrero 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Hoy se cumple un siglo del fallecimiento de uno de los aragoneses más lúcidos de todos los tiempos. Joaquín Costa moría un 8 de febrero de 1911, decepcionado por no haber podido regenerar las estructuras de un país podrido por el caciquismo y de una sociedad desequilibrada, en la que la mayor parte de la población vivía asediada por la incultura y la miseria.

 

Costa supo ver que la modernización y la europeización de España sólo vendrían de la mano de políticas redistributivas de la riqueza (que incluyesen medidas sociales de protección estatal a los más débiles), de la aniquilación del caciquismo como modo de producción económica de nuestro país, y de la renovación y ampliación de las estructuras educativas para incluir en ellas a toda la población española.

 

Sin embargo, las propuestas de Costa y del resto de los regeneracionistas se toparon frontalmente con el inmovilismo de los de arriba y con el conformismo de los de abajo, en medio de un sistema de alternancia bipartidista en el que, ni liberales ni conservadores tenían la más mínima intención de hacer algo positivo por el pueblo español.

 

Resulta preocupante que cien años después de la muerte de Costa, el panorama en España y en Aragón sea sustancialmente similar al que describía el genio aragonés, con un caciquismo que ahora rige nuestras vidas desde el ámbito del mercantilismo globalizado, un sistema educativo penoso, unos derechos sociales en retroceso, y una redistribución de la riqueza que no figura entre las prioridades de ninguno de los dos grandes partidos políticos del país.

 

Costa describió e intentó cambiar un país que había tocado fondo, como fondo ha tocado la España actual, con más del 20% de desempleo, con un sector agrario en la ruina, y con las condiciones laborales y salariales más precarizadas de Europa en la industria y en los servicios. Por no tener hoy, España ni siquiera tiene la figura de un sabio regeneracionista que le cante al sistema las verdades del barquero, aun a costa de su propia decepción personal respecto a la realidad circundante.

 

En el centenario de la muerte de Joaquín Costa empieza a rondar la idea de que dentro de cien años, España será más o menos como es ahora, o como era hace cien años.

 

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