Las 50 sombras de Rita

10. febrero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Una de las razones –quizá la principal– por la que el PP se ha autoexcluido de todas las quinielas de investidura es la sensación de amparo cupular a favor de esa legión de sospechosos de corrupción que abarrota las alturas del partido.

Después del “Luis, sé fuerte, hacemos lo que podemos”, después del “Alfonso, ¡te quiero, coño!”, después del esto no es una trama del PP, como algunos pretenden; esto es una trama contra el Partido Popular”, llega el blindaje del aforamiento de Rita Barberá, al ser designada por su partido como miembro de la Diputación Permanente del Senado.

Cuando un juez decide investigar por blanqueo de capitales a 50 concejales, exconcejales y asesores del grupo municipal popular en el Ayuntamiento de Valencia (entre ellos, todos los elegidos en la lista encabezada por Rita Barberá en las elecciones municipales del año pasado), el sentido común indica que el aforamiento como senadora es la única razón que –por el momento– ha librado a la exalcaldesa de correr la misma suerte judicial que sus concejales.

De ahí que el mencionado blindaje sobre este aforamiento sea el elemento que transforma “las 50 sombras de Rita” en “las 50 sombras de Rajoy”.

Es evidente que Rajoy le debe mucho al PP valenciano en general y a Rita Barberá en particular. El apoyo de esta organización regional resultó decisivo para que el actual presidente del partido conservase el puesto tras el congreso de Valencia en 2008. Devolver el favor ahora con el sacrificio político del propio Rajoy, no tiene demasiado sentido.

En cualquier caso, el Partido Popular necesita un proceso de renovación ideológica y generacional que deje atrás la vieja cultura del caciquismo, culpable –en gran medida– del progresivo deterioro de su imagen. Para ello, los populares deberían mirarse más en los partidos conservadores europeos, y menos en la historia de la derecha política española.

 

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