Las contradicciones Iglesia-Estado, dos siglos después

15. noviembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El Tribunal Supremo acaba de declarar nulo el despido de una profesora de religión por haber contraído matrimonio civil con un hombre divorciado. Considera el alto tribunal que la exclusión de Resurrección Galera de la lista de profesores de religión autorizados por el Obispado de Almería, constituye una violación de los derechos fundamentales, y reconoce el derecho de la profesora a no sufrir discriminación por razón de sus circunstancias personales.

Sin embargo, el alto tribunal se equivoca. Con la ley en la mano, Resurrección Galera no tiene ningún derecho a ejercer como profesora de religión, ya que en la educación pública española, tal condición se obtiene tras haber conseguido el DEI (que además de ser el genitivo de la palabra “Dios” en latín, significa Declaración Eclesiástica de Idoneidad), un permiso concedido por los obispos que requiere que el aspirante a profesor o profesora de religión practique “la recta doctrina y testimonio de vida cristiana”, según la Conferencia Episcopal Española.

Así pues, como la Iglesia católica no reconoce el divorcio, al estar casada civilmente esta profesora con un divorciado, a los ojos del clero la docente vive en concubinato con un hombre que sigue casado canónicamente con otra mujer. Si esto constituye una práctica de “la recta doctrina y testimonio de vida cristiana”, que baje alguien desde algún sitio, y lo vea. Es lo que ocurre cuando los arcaicos y absurdos dogmas de un determinado credo chocan frontalmente con el sistema de derechos y libertades fundamentales garantizados por los Estados democráticos.

A pesar de ello, y doscientos años después de la Ilustración, algunos Estados democráticos construyen recovecos institucionales para que se siga instruyendo a la población en estos dogmas. Si la Constitución Española protege a esta profesora en su derecho a no ser discriminada, y al mismo tiempo un obispo está legitimado para discriminar a una profesora respecto a la concordancia de su vida personal con un determinado dogma, alguna pieza no cuadra en el puzle, y esa pieza se llama “asignatura de religión”.

Todo parece indicar que se avecina una nueva reforma educativa, circunstancia idónea para que la mayoría parlamentaria formada por PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos saque a la asignatura de religión de la escuela pública, y la coloque en las parroquias, en las mezquitas, en las sinagogas y en los demás centros religiosos, que es donde debe estar.

 

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