Las deficiencias del cardenal

21. enero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Además de una amplia cultura y de un profundo sentido humanista de la vida, la capacidad estratégica para la consecución de objetivos ha sido uno de los elementos que tradicionalmente ha distinguido a los miembros de la Compañía de Jesús. El sacerdote jesuita Jorge Mario Bergoglio, elegido el pasado año como papa Francisco, no es una excepción. Quizá muchos se pregunten cómo es posible que el hombre que se ha propuesto remover los prejuicios y las corruptelas de la Iglesia Católica, haya creado cardenal a un arzobispo bilbilitano que todavía cree que la homosexualidad es una “deficiencia” que “se puede normalizar con tratamiento”.

Así se expresaba este fin de semana el nuevo cardenal Fernando Sebastián en una entrevista concedida al diario malagueño Sur, justo después de afirmar que “la Iglesia no puede cambiar las exigencias de la moral”.

Un doble error el cometido por el nuevo cardenal, teniendo en cuenta en primer lugar que la homosexualidad no es una “deficiencia” desde el punto de vista de la procreación, básicamente porque ya casi nadie en el siglo XXI sigue vinculando sexualidad a procreación. El segundo radica en la falsedad de la afirmación de que la Iglesia no puede cambiar las exigencias de la moral. De hecho, el nuevo cardenal Sebastián quizá recuerde aquellos no tan lejanos tiempos en los que quemar herejes y brujas, o exterminar a los “salvajes” del Nuevo Mundo que no abrazaran el catolicismo, eran “exigencias de la moral”. Ahora ya no parecen serlo, con lo que los criterios de la Iglesia son, al menos, tan volubles qual piuma al vento.

Pero volviendo a la estrategia del papa Francisco, no sería de extrañar que la creación de Fernando Sebastián como cardenal fuese un guiño al sector más ultraconservador de la Iglesia, perfectamente fallido desde el punto de vista de la procreación de sus posicionamientos, ya que el bilbilitano no podrá participar en el cónclave cardenalicio por ser mayor de 80 años.

Y es que hasta este momento, Francisco ha dado sobradas muestras de tener presente que el fundamentalismo religioso no sólo no es una simple deficiencia, sino que constituye toda una enfermedad social que se puede normalizar con cultura.

 

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