Las Marchas de la Dignidad, dos años después

22. marzo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Tal día como hoy de hace dos años, cientos de miles de personas confluían en Madrid tras participar en las Marchas de la Dignidad que días antes habían partido desde diversos puntos del Estado. La dignidad de los pagadores de la crisis salía a las calles para exigir el pan, el trabajo y el techo que el dogma neoliberal les estaba negando.

Muchos fueron los que denostaron aquella movilización. Incluso algún presunto corrupto como el entonces presidente autonómico de Madrid, Ignacio González, se atrevió a decir que ese ejercicio multitudinario del derecho de reunión representaba “una subversión del orden constitucional” y una “llamada al incumplimiento de la ley”. Por lo visto, su mapa de dignidades apenas alcanzaba el nivel de los magnates, de los áticos de lujo y de los paraísos fiscales.

Como cabía esperar, el régimen de Rajoy escuchó el clamor de aquella protesta. Un año después, se aprobaba la Ley Mordaza. De un gobierno ultraliberal sólo podía esperarse un incremento de la represión.

Mientras tanto, las causas que originaron esa movilización se mantienen dos años después. A la precariedad laboral, la desigualdad social o la supeditación del derecho a la vivienda a intereses especulativos, ahora hay que añadir la #vergUEnza que provoca el hecho de que la Europa rica se niegue a acoger refugiados de guerra en su territorio.

Una parte de la población indignada ha confiado la solución a la vía institucional. Sin embargo, revertir un modelo económico injusto, equivocado, inhumano y matemáticamente insostenible, requiere algo más que obtener varias alcaldías o unas decenas de puestos en el Congreso.

Hoy, como entonces, los antisistema son ellos; son los que pisotean el contenido social de la Constitución, son los que deslocalizan empresas para aprovecharse de esclavitudes laborales ajenas, son los que adaptan leyes a los caprichos de los poderosos, son los que invierten en hacer desgraciados a los demás, son los que responden a la razón con la demagogia. Su hegemonía social durará tanto como dure el arrodillamiento de la ciudadanía.

 

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