Las mentiras de Teresa Artigas

18. abril 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El merecido homenaje que ayer rindió la ciudad de Zaragoza a Berta Cáceres se vio empañado por la ignorancia medioambiental de la que hizo gala la concejala delegada de Medio Ambiente. Hace un año, Teresa Artigas perdió una ocasión de oro para dimitir tras haber declarado que la huelga de los conductores de Auzsa “mantenía rehén” a la ciudadanía, y que éstos debían aceptar el preacuerdo propuesto por empresa y Ayuntamiento, ya que lo contrario “implicaría alargar un conflicto con un enorme coste social y económico para la plantilla sin prácticamente ninguna perspectiva de que la continuación de la huelga sirva para mejorar lo conquistado hasta ahora”.

Ahora debemos lamentar que no dimitiera, puesto de que haberlo hecho, no hubiéramos tenido que escuchar las mentiras medioambientales que ayer dijo durante el acto de homenaje a la activista hondureña, asesinada el año pasado por defender los derechos de los indígenas.

Primera mentira: el meandro de Ranillas “era una parte de la despensa de nuestra ciudad”. Antes de 2006 (año en el que comienzan las obras para transformar el meandro en el recinto Expo 2008 y en el Parque del Agua), el meandro tenía tres usos fundamentales: huerta, bosque natural y estercolero. La huerta suponía un espacio tan pequeño respecto al volumen de consumo de Zaragoza, que calificarla como “despensa de la ciudad” constituye un grave atentado contra la verdad. En cuanto al bosque natural, cabe señalar que la superficie arbolada en el meandro de Ranillas se ha triplicado tras la construcción del Parque del Agua. Y respecto al estercolero, aquel lugar donde buena parte de la ciudad arrojaba sus escombros y desechos antes de 2006, conviene observar que ha sido eliminado.

Segunda mentira: la Expo 2008 trajo la “especulación urbanística” al meandro de Ranillas. Falso. Seguramente, la concejala desconoce u oculta que cuando el Ayuntamiento (como miembro de la sociedad estatal Expoagua Zaragoza 2008, participada al 70% por el Gobierno de España, al 15% por el Gobierno de Aragón y al 15% por el consistorio zaragozano) compra los terrenos del meandro de Ranillas a sus 150 pequeños propietarios, se alcanza el compromiso de que los suelos jamás sean de uso residencial, precisamente para evitar la “especulación urbanística”. Y eso se hace en plena época de la burbuja inmobiliaria. Por eso, actualmente en el recinto Expo hay oficinas y no viviendas.

Tercera mentira (y puede que la más gorda): la transformación del meandro de Ranillas con motivo de Expo Zaragoza 2008 “ha deshecho una parte de la llanura de inundación de nuestro río Ebro”. Falso, falsísimo, digno de dimisión. La llanura de inundación del Ebro afecta a todo el Actur, dependiendo del periodo de retorno. Por ejemplo, con una crecida como la del pasado 3 de marzo de 2015, una parte importante del barrio se hubiera inundado, si unos años antes no se hubiesen realizado las obras de transformación del meandro.

Esta intervención urbana no sólo no “ha deshecho una parte de la llanura de inundación de nuestro río Ebro”, como dice Artigas, sino que ha integrado la parte baja del recinto Expo y todo el Parque del Agua (ambos diseñados como zonas inundables) en el sistema de defensas de la ciudad frente a las crecidas del Ebro, ensanchando el cauce e instalando una línea de motas a lo largo del mismo. La fotografía satelital adjunta, tomada el 3 de marzo de 2015, así lo demuestra. Esa instantánea fue exhibida en el Centro Ambiental del Ebro (ese equipamiento municipal que ahora tiene abandonado la Concejalía de Teresa Artigas), con motivo de la exposición “El Ebro desbordado: con el río y no contra el río”.

Además, Artigas debería saber que el cierre del Tercer Cinturón (Z-30) entre los barrios del Actur, Almozara y Delicias (diseñado para facilitar la movilidad urbana en la capital aragonesa, y planificado muchos años antes de que Zaragoza pensara en la posibilidad de organizar una Exposición Internacional) tenía que atravesar necesariamente el meandro de Ranillas.

Pero lo que debería saber, sobre todo, la concejala de Medio Ambiente es cuándo ha llegado el momento en el que la dimensión de un cargo público sobrepasa la capacidad intelectual de la persona que lo ejerce. Esperemos que Artigas no desaproveche también este privilegiado momento para presentar su dimisión.

 

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