Las miserias del Canal y la valentía de Cifuentes

20. abril 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Cuando la política está regida por criterios publicitarios, resulta muy difícil discernir qué grado de sinceridad hay en la actuación de un representante público. Hasta en la acción más generosa, hay un componente de vanidad; y quien dice vanidad, dice estrategia de cara a futuros relevos generacionales en el seno de tu partido.

En cualquier caso, la presidenta madrileña Cristina Cifuentes ha demostrado que la lucha contra la corrupción política necesita un requisito previo: la voluntad de luchar contra la corrupción política, y de no encubrirla bajo una lluvia de mensajes de apoyo a los corruptos y de martillazos a los discos duros que utilizaban.

Cifuentes, bien por convicción ética, bien por otros intereses más espurios, ha decidido entregar a la Fiscalía la documentación institucional que revela supuestas prácticas ilegales de su predecesor en el cargo, Ignacio González, en cuanto a la gestión de la empresa pública Canal de Isabel II.

Esta puede ser la primera piedra de la regeneración política en nuestro país, y sobre todo, en el centro-derecha de nuestro país, que hasta ayer permanecía sumergido en un océano de omertá.

Además, según las informaciones que van apareciendo sobre la Operación Lezo, Cristina Cifuentes no lo ha tenido fácil para destapar este asunto. Con jefes de la Fiscalía intentando frenar los registros domiciliarios, con altos políticos informando a los acusados de la operación que se estaba desarrollando contra ellos, y con dos periodistas (uno de ellos el omnipresente e inmaculado Francisco Marhuenda) imputados por intentar coaccionar a Cifuentes para que no entregara la documentación a la Fiscalía, el caso parece más propio de la Sicilia profunda que de un Madrid cosmopolita y moderno.

Atrás quedan las cien mil declaraciones en las que Esperanza Aguirre defendía la honestidad de su delfín, Ignacio González. Como siempre ocurre en su cuadra de ranas, ella no sabía nada, no intuía nada, ni tampoco estaba al corriente de los asuntos manejados por cada uno de sus batrácicos subordinados. Al menos, queda el consuelo de saber que Aguirre ha trabajado como cazadora de talentos para la empresa Seeliger & Conde, especializada en la contratación de altos directivos para el Ibex-35. A estas horas, la despiadada cúpula empresarial española puede estar igualando a la Comunidad de Madrid en el ranking de directivos que salen rana.

 



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