Las políticas fascistas de Trump

28. febrero 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Por extraño que pueda parecer, el fascista Donald Trump ha comenzado a ejercer de fascista tras su llegada a la Casa Blanca. Hasta ahora, conocíamos su machismo, su ultranacionalismo, su racismo, su despotismo y su xenofobia. En los últimos días, el presidente norteamericano ha añadido a su gestión tres características más del ideario fascista: la persecución del derecho a la información, la criminalización de la protesta social y el militarismo expansionista.

En un país supuestamente democrático como EEUU, resulta del todo inconcebible que el presidente decida qué medios de comunicación tienen permitido o prohibido el acceso a las ruedas de prensa presidenciales. Seguramente, la manada de 62.985.105 zombis que votó a Trump está plenamente satisfecha con el veto presidencial a esos periodistas “molestos”. Sin embargo, para los 261.304.105 norteamericanos restantes esta arbitrariedad en el ejercicio del poder supone una tragedia, ya que la persecución de la pluralidad informativa es el primer paso en la construcción de un Estado totalitario.

El segundo paso es criminalizar la protesta social, y ya ha comenzado a darse. El pasado viernes, el Washington Post señalaba que desde la elección de Trump, los legisladores republicanos de 18 estados han aprobado normas para frenar las protestas masivas contra el nuevo inquilino de la Casa Blanca, en lo que los expertos en libertades civiles califican como “un ataque a los derechos de protesta”. Por este motivo, el candidato demócrata Bernie Sanders decía en su cuenta de Twitter que “a los republicanos les encanta hablar de libertad, excepto cuando la libertad se utiliza para protestar”.

Por último, el fascista Trump ha anunciado un incremento de 54.000 millones de dólares en el presupuesto de Defensa y Seguridad del próximo año, con el objetivo de “ganar guerras de nuevo”. Dinero que saldrá de una considerable reducción de los programas norteamericanos de ayuda y cooperación al desarrollo para los países empobrecidos.

Fascismo en estado puro. Ahora sólo queda por saber si el pueblo estadounidense, tan demócrata y moderno, es capaz de permitir que un tipo que perdió las elecciones, y que sólo fue votado por uno de cada cinco norteamericanos, cambie el país en el que viven por un régimen fascista de periódico único y toque de queda.

 

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