Las sandeces de un ministro terrorífico

31. octubre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Quizá movido por las fechas en las que nos encontramos, el ministro español de Economía y Competitividad decidió ayer incluir la palabra “miedo” en una de las frases más desafortunadas de cuantas ha pronunciado desde que accedió al cargo. Según De Guindos (al que también conocemos por haber sido responsable de Lehman Brothers en nuestro país hasta la quiebra de la compañía), “en España estamos perdiendo el miedo a perder el empleo”.

Para argumentar tan atrevida afirmación, el ministro aludió a los últimos datos de la Encuesta de Población Activa y del Índice General del Comercio Minorista, concluyendo que nuestro país está viviendo un repunte en el empleo y en el consumo.

Sin embargo, al rascar un poco estos datos oficiales para ver qué hay debajo de ellos, encontramos que, mientras el paro ha bajado en 126.700 personas a lo largo de los últimos doce meses, la población activa (número de personas que están trabajando o buscando empleo) ha descendido en 370.400 personas durante ese mismo periodo. Seguramente, el exilio laboral (también llamado “movilidad exterior” por la ministra más monster del gabinete del doctor Rajoy), y la creciente desesperanza de encontrar un empleo por parte de muchos de los que se quedan, tienen algo que ver con estas cifras.

El pequeño repunte de ventas en el comercio minorista, ligado a la estacionalidad propia del mes de septiembre, contrasta con la realidad de un país que se encuentra a las puertas de la deflación, según el último avance del IPC publicado por el Instituto Nacional de Estadística.

Por ello, decir que los trabajadores de este país están “perdiendo el miedo a perder el empleo”, es una soberbia majadería que sólo puede situarse en la boca de alguien que desconoce por completo la situación de precariedad y pobreza a la que van llegando cada vez más familias españolas, como consecuencia de la generalización del neoliberalismo. Los únicos que no tienen miedo a perder el empleo en este país son los gobernantes, ya que saben que el sistema de puertas giratorias les proporcionará un abultado e inmerecido salario en el sector privado cuando abandonen sus responsabilidades institucionales, no por sus méritos profesionales, sino por haber salvaguardado los intereses del gran capital durante su mandato.

En cuanto al fondo de la cuestión planteada por De Guindos, cabe señalar que la Humanidad tiene la desgracia de haber adoptado un modelo económico global que depende del estado de ánimo de unos cuantos miles de grandes inversores internacionales, cuyas conductas dependen de dos pulsiones básicas: el miedo y la avaricia. Si determinados trileros de la economía, como el ministro De Guindos o el banquero Botín son capaces de convencerles de que “lo peor ha pasado”, de que “este es un buen momento para invertir”, de que “el consumo interno se está recuperando” o de que “a España llega dinero de todas partes”, puede que la situación económica mejore transitoriamente, pero el modelo económico seguirá tan averiado como antes. Quizá salió defectuoso de la fábrica de pensamientos de Adam Smith.

 

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