Las trabas al crecimiento

15. marzo 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El presidente del Gobierno de España no ha tardado demasiadas horas en contradecir a su ministro de Economía y Competitividad respecto a la cifra de déficit que acaba de imponer la UE a nuestro país. Mientras Luis de Guindos (aquel que fue alto ejecutivo de Lehman Brothers hasta la quiebra de la entidad en septiembre de 2008) señalaba este martes que los 5.000 millones adicionales de recorte no iban a tener ningún impacto “significativo” en el crecimiento económico de nuestro país, Mariano Rajoy afirmaba ayer en sede parlamentaria que esta medida tendría “un coste” a corto plazo sobre el crecimiento.

¿Cuál de los dos tiene razón? Seguramente ambos responderían con una de esas peroratas demagógicas sobre el esfuerzo de todos, el futuro y las potencialidades de nuestra economía, a las que nuestros gobernantes (da igual éstos o aquéllos) nos tienen tan acostumbrados.

Lo cierto es que Rajoy dejó muy claro que, al aceptar este nuevo recorte impuesto por Bruselas sin tener en cuenta la situación social del país, su Gobierno había decidido priorizar el “máximo nivel de coordinación y consenso” con el resto de miembros de la zona euro, y por lo tanto, dejar en un segundo plano los problemas que afectan a la inmensa mayoría de las familias españolas.

Seguramente, Rajoy y su equipo responderían a esta afirmación con una nueva perorata acerca de que la preocupación fundamental de su Gobierno es salvaguardar el bienestar de la ciudadanía y crear empleo, aunque en estos momentos sea necesario pedir esfuerzos extraordinarios para superar los problemas entre todos.

Sin embargo, al decir esto se volverían a equivocar porque –desde el punto de vista matemático– los recortes incrementan el mayor de los problemas de nuestra economía, y fuente de todos los demás: la creciente y alarmante pérdida de poder adquisitivo en la mayor parte de las familias españolas, mientras las grandes fortunas siguen incrementando sus beneficios.

A la vez que todo esto sucede, los voceros y opinadores oficiales del régimen neoliberal se afanan en argumentar que lo necesario es “generar confianza”. Se supone que se refieren a generar la confianza de unos cuantos especuladores sin escrúpulos, carentes de toda sensibilidad social, y buscadores infatigables de su propio beneficio.

Paralelamente, va disminuyendo la confianza del pueblo soberano en unos gobernantes (da igual éstos o aquéllos) que se dedican a aprobar medidas antisociales indirectas para contentar a estos sátrapas económicos, en lugar de actuar de forma directa contra las causas y las consecuencias de la crisis que su avaricia ha provocado.

 

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