Las tres mentiras de Aznar

28. mayo 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Después de haber asestado una puñalada política de pronóstico reservado en la espalda de Mariano Rajoy, el ex presidente Aznar aprovechó ayer un acto de la FAES en el Congreso de los Diputados para contar tres nuevas mentiras a todas aquellas personas que quisieron escucharle en directo o a través de los medios de comunicación.

La primera de ellas llegó cuando Aznar afirmó: “Yo no estoy contra nadie, estoy con los españoles”. En realidad, es una mentira doble, pero al estar en la misma frase, la contaremos como una sola. Aznar y los dirigentes del PP más cercanos a Aznar están, en realidad, contra Rajoy y contra todo su equipo. Unas rencillas que vienen del XVI Congreso del partido (junio de 2008), cerrado en falso tras la segunda derrota electoral de Rajoy, y que ahora emergen de nuevo ya que el sector ultraliberal del partido considera que las reformas neoliberales del jefe del régimen no son todo lo profundas y rápidas que deberían ser. Pero la mayor mentira de esta frase está en la proposición adversativa que le sirve de cierre ya que, a causa de su fundamentalismo ultraliberal, Aznar no está “con los españoles”, sino con la pequeña porción de españoles que atesora la mayor parte de la riqueza del país, es decir, con los españoles ricos.

Y aquí enlazamos con la segunda de las mentiras que ayer pronunció el ex presidente. Según él, el gobierno que presidió inició un “proceso de modernización de España”. Falso. Lo realizado por Aznar durante su mandato fue en realidad un proceso de involución económica hacia las tesis ultraliberales que se manejaban a mediados del siglo XVIII, cuando el capitalismo sustituyó al feudalismo como modo de producción hegemónico en el planeta. Entonces se pensaba que el mercado, por sí solo y sin ningún tipo de regulación estatal, era capaz de distribuir eficazmente los recursos entre la población. Algo manifiestamente falso que nunca ha funcionado y que nunca funcionará. Lo moderno, señor Aznar, no es facilitar al empresario las leyes para que explote al trabajador con jornadas cada vez más largas y salarios más reducidos, sino fomentar una distribución equitativa de las rentas en el marco de una política de estabilidad económica (art. 40 Constitución Española). Lo moderno, señor Aznar, no es favorecer la especulación del suelo, sino impedirla (art. 47 C.E.). Lo moderno, señor Aznar, no es privatizar el patrimonio público para que luego tres petroleras privadas se pongan de acuerdo a la hora de fijar unos niveles estratosféricos en el precio de los combustibles, sino reservar al sector público recursos o servicios esenciales (art. 128 C.E.). Lo moderno, señor Aznar, no es tener que mendigar una prueba diagnóstica en un servicio de urgencias de la sanidad pública, sino tener derecho a ella, independientemente de su coste (art. 43 C.E.). Lo moderno, señor Aznar, no es la regresividad fiscal, sino la progresividad fiscal (art. 31 C.E.). Lo moderno, señor Aznar, es utilizar las normas del Derecho Internacional para rechazar los caprichos bélicos y criminales de la primera potencia militar del mundo, en lugar de sumarse a ellos.

Así pues, después de constatar que Aznar va contra Rajoy, que además está del lado de los más ricos, y que su gobierno inició el camino de la mayor involución económica de la historia de nuestro país, llegamos a la tercera mentira del ex presidente. Según Aznar, el gobierno de Rodríguez Zapatero “puso gravemente en cuestión el pacto de la Transición”. Cierto es que la traición de ZP a su programa y a sus votantes en mayo de 2010 para abrazar la fe neoliberal, supuso el primer golpe contra aquel acuerdo político y social que hizo posible la Transición; un golpe que se encarnó en la reforma del artículo 135 de la Carta Magna parida en septiembre de 2011 por los grupos parlamentarios socialista y popular de espaldas a la población española. Pero no es menos cierto que son la derecha política y la derecha económica de este país las que, desde su ideología ultraliberal, han roto unilateralmente el pacto constitucional de 1978. Sólo así puede entenderse el bombardeo que cada viernes realiza el Consejo de Ministros sobre el modelo socioeconómico de redistribución de la riqueza y de cohesión social que viene establecido en nuestra Constitución. Ataques como el recorte de prestaciones sociales en época de crisis (art. 41), la negación de fuerza vinculante a los convenios colectivos (art. 37), o la desvinculación de pensiones y salarios de las subidas del IPC (art. 35 y 50 C.E.) son sólo tres de los muchos ejemplos de esta estrategia de acoso y derribo contra el Estado social consagrado en el artículo 1 de nuestra Carta Magna.

Es posible que ayer, durante la presentación de las biografías de políticos marca FAES, Aznar dijera más mentiras. Incluso es posible que algunas de ellas fueran del calibre de aquella que dijo durante una entrevista televisiva en febrero de 2003: “el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva; pueden estar seguras todas las personas que nos ven, que les estoy diciendo la verdad”. Sin embargo, el discurso de Aznar es como el uranio enriquecido: no se debe estar demasiado tiempo expuesto a él, por lo que siempre resulta mucho más saludable hacer cualquier otra cosa antes que seguir escuchando a este perfecto representante de la versión más radical, fracasada y autoritaria de ultraderechismo político y económico.

 

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