Libertad de expresión en la España de Frascuelo

14. julio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Si Antonio Machado hubiera vivido en los tiempos de Twitter, seguramente hubiese sido procesado por ofender al mundo del toreo con su poema “El mañana efímero”. La España “devota de Frascuelo y de María”, se hubiera sentido injuriada y vilipendiada por el poeta, al interpretar como insultantes versos como “esa España inferior que ora y embiste, / cuando se digna usar la cabeza” o “Como la náusea de un borracho ahíto / de vino malo, un rojo sol corona / de heces turbias las cumbres de granito; / hay un mañana estomagante escrito / en la tarde pragmática y dulzona”.

Incluso es posible que se acusara a Antonio Machado de proferir amenazas de muerte cuando dice que la vieja España “ha de tener su mármol y su día” porque otra nueva España nace “con un hacha en la mano redentora”.

La muerte en el ruedo del torero que respondía a las iniciales de V.B. ha resucitado el fantasma del tradicionalismo españolista, hasta el punto de que la llamada “Fundación del Toro de Lidia”, en connivencia con la Fiscalía, la Policía Nacional y la Guardia Civil, ha emprendido una investigación para castigar las deplorables manifestaciones que atacan la memoria” del torero muerto, con el fin de evitar “que estos hechos queden impunes”.

El espíritu represor de la Ley Mordaza se cierne sobre la población española, hasta el punto de establecer por decreto que todas las personas de este país debemos sentir pena por la muerte de un individuo cuya profesión consistía en infligir sufrimiento a los animales. Ejemplarizantes suenan, en este sentido, los comunicados de condolencia que la Presidencia del Gobierno y la Casa Real han enviado a la viuda del torero muerto, algo que ninguna de las dos instituciones hacen, por ejemplo, cuando un albañil muere en el andamio sin causar sufrimiento a ningún otro ser vivo.

Cuando se trata de justificar cosas injustificables como el toreo, la única vía frente al pensamiento crítico consiste en retorcer la ley hasta que la ley diga lo que algunos quieren que diga. Esperemos, pues, que ante la oleada de demandas procedentes del mundo taurino, exista una legión de jueces que sepan distinguir entre los comentarios amparados por la libertad de expresión, y las simples manifestaciones de mal gusto. Y si así no fuera, siempre nos quedará Europa.

 

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