Llegan los extremismos

12. septiembre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Decía Francisco de Goya que “el sueño de la razón produce monstruos”. Seguramente, al maestro de Fuendetodos le faltaron décadas de vida para poder afirmar también que el sueño de la democracia produce fanáticos. Unos cuantos de ellos aparecieron ayer para agredir con spray irritante a las personas que conmemoraban la Diada en un centro cultural y de turismo que la Generalitat de Cataluña posee en la madrileña calle de Alcalá. Entre los agredidos, un diputado nacional, un informador y una niña de cuatro años.

Decir que las crisis del sistema capitalista vienen acompañadas por los extremismos políticos no supone desvelar ningún secreto. La primera mitad del siglo pasado es buena prueba de ello. El fanatismo político es un terreno poco abonado para la reflexión, el análisis y el pensamiento crítico. Para ser fascista, por ejemplo, no es preciso poseer una gran inteligencia. Basta con sacralizar unos cuantos símbolos y un puñado de palabras (“dios”, “patria”, “tradición” y “familia”, fundamentalmente), para después intentar imponerlos a los demás mediante el ejercicio de la violencia. La razón noqueada por la fuerza, y su sueño produciendo monstruos. Sobran todos los filósofos y pensadores que desde el origen de los tiempos han reflexionado para que la Humanidad se comprendiera a sí misma. “¿Para qué tanta cultura?”, es un latiguillo corriente entre quienes basan su “ideología” (por llamarla de alguna manera) en la eliminación del adversario.

Si la veintena de bestias pardas que ayer irrumpieron en la librería Blanquerna de Madrid poseyeran unos gramos más de inteligencia, serían conscientes de que la crispación y el descontento que vive la mayoría de la población española (incluida buena parte de la catalana) no tiene que ver con su identidad nacional, ni con la homosexualidad, ni con la inmigración, ni con los movimientos obreros, ni con el alejamiento de Dios, ni mucho menos con la protesta social, sino con un colapso económico provocado voluntariamente por quienes promocionaron un modelo erróneo basado en la máxima especulación y en el todovalismo empresarial y financiero.

En el otro lado del país, y quizá también del espectro político, un puñado de encapuchados quemaba ayer un retrato de Juan Carlos I y las banderas de España, Francia y la UE al finalizar una manifestación convocada en Barcelona por diversos colectivos de la izquierda independentista catalana. Seguramente, su fanatismo dogmático les impidió caer en la cuenta de que quemar los símbolos del adversario arrebata toda credibilidad a un proyecto de construcción nacional en el que se incluyen las palabras libertad, justicia e igualdad.

También se les pasó por alto la contradicción que supone dar la mano a los neoliberales de CiU para llevar adelante un proceso de construcción nacional, al tiempo que se cuestiona el neoliberalismo como orden económico. En la cadena humana que ayer se celebró en Cataluña, recortadores y recortados, despedidos y especuladores, agredidos y agresores en cargas policiales, víctimas y promotores de la caída del Estado del Bienestar, se unieron para jalonar las cunetas del país independiente que todos ellos pretenden construir, sin tener en cuenta la circunstancia de que, al estar el proceso pilotado por CiU, el resultado final en cuanto a la configuración de las clases sociales y del modelo económico distará muy poco de la situación que conocemos hoy.

Ante este auge del fundamentalismo político, la única esperanza para la Humanidad en general, y para el Estado español en particular, es que gobernantes y gobernados se nieguen a transitar por un camino cuyo destino final todos conocemos perfectamente, gracias a los libros de Historia que hablan de los sucesos acaecidos en Europa, en nuestra Europa, durante la primera mitad del siglo XX.

 

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One Comment to “Llegan los extremismos”

  1. Antonio San José dice:

    Además los controladores del sistema saben bien aquello del «divide y vencerás». Qué mejor forma de distraer a la población mientras los mismos de siempre a través de sus títeres conocidos como «presidentes», usurpan con sus garras las pocas libertades que aún nos quedan en el «estado del bienestar», o quizás deberíamos decir ya «malestar»?