Lo que el príncipe de Gerona no dijo

27. junio 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En medio de una fuerte contestación social, Felipe de Borbón y Letizia Ortiz llegaron ayer al Palacio de Congresos de Gerona para participar en la entrega de premios de la Fundación Príncipe de Gerona, la pariente pobre de la Fundación Príncipe de Asturias, ya que el Principado de Gerona es un título procedente de la Corona de Aragón que recaía sobre el heredero al trono de este vasto territorio.

Sea como fuere, el actual príncipe de Gerona, Felipe de Borbón, utilizó en su alocución toda la serie de tópicos institucionales sobre desempleo juvenil a la que ya nos tienen bien acostumbrados nuestros gobernantes, tertulianos del régimen y otras especies de la fauna patria difícilmente clasificables.

Según el príncipe de Gerona, “formación y empleo son casi sinónimos”, y además, hay que “superar el miedo a emprender”, sin perder de vista que “hablar del futuro de los jóvenes es hablar del futuro del país”, ni dejar de tener en cuenta que “no podemos desperdiciar el talento creativo”.

Tópicos y mensajes huecos que olvidan, por ejemplo, que la generación de jóvenes mejor formada de la historia de España es la que soporta la mayor tasa de desempleo juvenil desde la Transición.

Y es que, lo que no dijo don Felipe (quizá por constituir una realidad demasiado cruel) es que la estrategia empresarial de optimización de beneficios, unida a las políticas públicas de reducción del gasto, conducen inexorablemente a la destrucción permanente de millones de puestos de trabajo, a los que ya nadie podrá acceder jamás.

Tampoco mencionó que el suicidio inducido protagonizado por la agricultura de nuestro país tras la entrada de España en la CEE (hoy UE), junto con las deslocalizaciones masivas de industrias hacia los paraísos de la semiesclavitud, y la creciente incorporación de las nuevas tecnologías al sector servicios, completan el sombrío panorama de desempleo estructural y desesperación social que va a definir la realidad económica española durante los próximos años, quizá décadas.

En lugar de parlotear sobre emprendimientos, visiones de futuro y formaciones académicas, el príncipe heredero hubiera realizado un mejor servicio a su país descubriendo las cartas sobre la mesa para así poder analizar de forma colectiva cuál es la mejor baza económica de la que dispone un país cuya iniciativa privada sigue escondida bajo la cama, y cuyos poderes públicos se limitan a actuar al dictado y en beneficio de la iniciativa privada.

 

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