Lo que los partidos deberían explicar

9. mayo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En la concepción liberal de la democracia, una campaña electoral es el momento de mayor cercanía entre electores y elegidos. Luego está la democracia participativa, que es aquella en la que la sociedad organizada controla las decisiones de sus representantes, y tratan de influir en ellas desde los cauces constitucionales. Algo parecido a lo que hacen muchos lobbies y multinacionales, aunque en este último caso, recurriendo a otros métodos mucho menos transparentes como la presión, el soborno o el chantaje.

Volviendo a la democracia liberal, y teniendo en cuenta que se avecina una campaña de petición de votos, los partidos deberían aprovechar la ocasión no para lanzar mensajes y reproches de argumentario, sino para explicar a la ciudadanía qué es lo que piensan hacer en algunas de las cuestiones esenciales.

Por ejemplo, deberían explicar si consideran que algunos tratados como el CETA, el TISA o el TTIP deberían seguir siendo secretos, o si por el contrario, los pueblos en cuyo nombre actúan los políticos, tienen o no derecho a conocer aquello a lo que se comprometen sus representantes.

Los partidos deberían explicar también su postura ante los robos financieros legalizados que cada día se cometen en este país bajo el eufemismo de “comisiones bancarias”. Sólo un estúpido o un conjunto de estúpidos podrían sostener que las leyes no escritas “de la libre competencia” pueden autorregular un sector altamente especulativo y genéticamente colusorio.

Otra de las cuestiones sobre las que los partidos deberían pronunciarse es qué piensan hacer respecto a los recortes adicionales exigidos por Bruselas ante la incapacidad del régimen de Rajoy para cumplir con los objetivos de reducción del déficit público. La cuestión no es baladí, puesto que, aunque se esté silenciando en precampaña, este tema marcará la vida de las personas residentes en España durante las próximas décadas.

En relación con esto último, y ampliando ligeramente el plano, los aspirantes a La Moncloa tendrían que explicar con los números en la mano cuál sería su plan B ante una hipotética desobediencia a los leoninos criterios de la Troika, en caso de que éstos se demostraran dañinos para el Estado social fijado en el artículo 1 de nuestra Constitución. Conocer este dato de antemano serviría para evitar decepciones similares a la que Alexis Tsipras y Syriza han representado para el pueblo griego.

Hablar de cientos de propuestas programáticas sin haber explicado antes éstas y otras cuestiones troncales, no es más que un ejercicio de trilerismo político pensado para seguir engañando a aquellos votantes que se conforman con un buen discurso y una corbata a juego.

 

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