Los argumentos de un fiscal desorientado

16. enero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El artículo 124 de la Constitución Española establece que la principal labor del Ministerio Fiscal es “promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad” así como “velar por la independencia de los Tribunales”. Para defender los intereses del Estado y de sus instituciones ante los Tribunales existe la Abogacía del Estado; y para defender los intereses de las personas físicas o jurídicas, de sangre azul o de sangre roja, existen los abogados, ya sean éstos de pago o de oficio.

El fiscal del caso Nóos, Pedro Horrach, parece encontrarse algo desorientado entre las funciones descritas en el párrafo anterior. Al menos, eso podría deducirse después de leer el escrito que ayer aportó a la causa, en el que afirma que el magistrado instructor José Castro “se apoya” en una “teoría conspiratoria […] para justificar la existencia de indicios delictivos que avalen la imputación de Doña Cristina de Borbón”.

Semejante afirmación debería ir acompañada por un recurso ante la Audiencia Provincial en contra del auto que cita a la infanta Cristina a declarar en calidad de imputada por delitos de fraude fiscal y blanqueo de dinero. Sin embargo, en contra de lo que cabía esperar, Horrach no ha presentado recurso alguno contra una decisión judicial que él mismo considera apoyada en una “teoría conspiratoria”, y por lo tanto, carente de todo fundamento.

En nuestro ordenamiento jurídico, el hecho de que un juez instructor se apoye en “teorías conspiratorias” y no en hechos o en indicios razonables, presenta muchas similitudes con el delito de prevaricación, que consiste en que una autoridad, un juez o un funcionario dicten una resolución injusta a sabiendas de que lo es. Sin embargo, el fiscal Horrach tampoco ha denunciado por prevaricación al juez Castro, algo que debería hacer (si tuviera pruebas de ello) sobre la base de su misión de velar por la legalidad y por la independencia de los tribunales.

Así pues, sin recurso contra el auto de imputación de la infanta, y sin denuncia contra Castro por prevaricación, el duro escrito que Horrach presentó ayer debe entenderse como un bienintencionado intento de un fiscal honesto que sólo desea con todas sus fuerzas que la mujer del César, además de parecer honrada, también lo sea.


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