Los cuentos de Rudi y Rosell

20. febrero 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

“Será el esfuerzo conjunto de Administraciones Públicas, empresas y trabajadores lo que nos permitirá salir de la crisis económica en una posición de ventaja y con ello competir en las mejores condiciones posibles en los cada vez más internacionalizados mercados”. Y colorín, colorado, este cuento ya se ha acabado. Con este entrecomillado finalizaba la presidenta del Gobierno de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, el bello cuento que, cual moderna Sherezade, recitó ayer ante los asistentes a la celebración del 35 aniversario de CEOS–CEPYME–HUESCA.

Lástima que la realidad sea totalmente distinta. De hecho, si el progreso económico se midiera por el compadreo entre gobiernos, organizaciones empresariales y cúpulas sindicales, España sería la primera potencia económica del universo. Basta recordar el llamado “Acuerdo Social para la Competitividad y el Empleo en Aragón 2012–2015”, citado ayer por la presidenta en uno de los pasajes de su cuento (y al que el Ejecutivo autonómico dedicará 484 millones de euros en 2013), el “Acuerdo Social y Económico” de febrero de 2011 o la “Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013–2016” que el pasado viernes analizábamos en este mismo espacio.

Más allá de las apelaciones al trabajo conjunto entre gobernantes, trabajadores y propietarios de los medios de producción, hay una realidad caracterizada por más de dos décadas de “diálogo social”; una realidad que durante los tiempos de expansión económica ha traído consigo espectaculares incrementos de los beneficios empresariales y remuneraciones mileuristas aderezadas por continuas apelaciones a la moderación salarial; mientras que en la fase de depresión está definida por despidos masivos, recortes de derechos sociales, incrementos de jornada, aumento de la penosidad en el puesto de trabajo, prolongación de la edad de jubilación, y por supuesto, reducción de los niveles salariales.

La realidad no pasa pues, como dijo la Sherezade del Pignatelli, por realizar un “esfuerzo conjunto” entre Administraciones, empresarios y sindicatos en pos de la recuperación económica, sino por saber qué parte de la tarta de los beneficios se llevan los empresarios y qué parte corresponde a los trabajadores. La cuestión no es baladí porque, más allá de las necesarias apelaciones a la ética y a la justicia social, sin una adecuada distribución de la riqueza el consumo se contrae y el sistema colapsa por su base (que es lo que actualmente está ocurriendo).

En cualquier caso, el giro argumental más sorprendente del cuento contado por nuestra Sherezade rubia llegó cuando dijo que este “esfuerzo conjunto” permitiría a Aragón (y se supone que también a España) “competir en las mejores condiciones posibles en los cada vez más internacionalizados mercados” ¡Brillante! Es decir, ese esfuerzo de concertación tiene que “competir” en el exterior con mercados de trabajo en los que los sindicatos están prohibidos y en los que exigir mejores condiciones laborales o salariales es sinónimo de cárcel o de asesinato.

En el cuentacuentos organizado ayer por los empresarios oscenses también participó como cuentista invitado Juan Rosell, solo que el presidente de los empresarios españoles se dedicó a los cuentos de terror. “La disyuntiva de nuestro futuro son reformas o declive”, declamó mientras se colocaba una linterna bajo la barbilla después de que se apagaran las luces de la sala, y por supuesto, sin aclarar si el 26,02% de paro al que han conducido las actuales reformas son declive o maravilla.

En un tono más grave, y sin retirarse la linterna, Rosell culpó de la crisis a los compradores y compradoras de viviendas, sin tener en cuenta a los constructores y a los banqueros que elevaron artificialmente los precios de las mismas. “Nadie ha sido obligado a pedir crédito ni a comprar pisos; todos queríamos vivir en un piso mejor y ahora estamos tratando de digerirlo” (risa siniestra – telón).

Sólo el tiempo podrá determinar si la rectitud ética de Rosell es mayor, menor o igual que la de su predecesor, Gerardo Díaz Ferrán, o la de su vicepresidente, Arturo Fernández. Por el momento, su profesionalidad como cuentacuentos no desmerece.

 

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