Los deberes sin hacer

25. noviembre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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La negativa de Merkel a las pretensiones de Sarkozy durante la última cumbre franco–alemana (celebrada ante la ilógica presencia del nuevo dictador italiano Mario Monti), pone de manifiesto que la Unión Económica y Monetaria (UEM), pactada hace casi veinte años, se edificó sobre terreno cenagoso.

 

Los países de la eurozona jamás “hicieron sus deberes”, utilizando la odiosa expresión que emplean muchos “expertos” desde su intolerable paternalismo socioeconómico. Más allá de los falseables (y por lo tanto, ficticios) criterios de convergencia establecidos a finales de los noventa para poder acceder al euro, es justo ahora cuando se empieza a hablar de una moneda estable, de una verdadera política monetaria y de una unión fiscal.

 

En el marco de una economía financiera global donde la única regla es que no hay reglas, resulta incomprensible que una moneda única pretenda construirse al lado de un Reino Unido alejado de la zona euro y con intereses propios respecto a la misma (por su condición de centro financiero internacional), y con un paraíso fiscal como Luxemburgo integrado en el territorio de la moneda única.

 

Al hilo de lo defendido por la cancillera alemana, el hecho de que el Banco Central Europeo (BCE) realice compras masivas de bonos de los países cuyas deudas soberanas se vean atacadas por los Mercados, puede resultar una medida tan cortoplacista, improvisada y equivocada como la implantación de una moneda única en Europa sin una previa y verdadera convergencia económica, fiscal y social de los países integrantes.

 

Merkel acierta al afirmar que esa no es la solución. El problema es que, a finales de 2011, quizá no exista solución para la UE, al menos, sin cuestionar la Mercadocracia como forma de gobierno; un sistema tan imprevisible y desquiciante como para que ayer la propia Alemania se viera hostigada por los Mercados, a pesar de haber defendido en la minicumbre franco–alemana la opción más neoliberal y menos estatalista de las planteadas.

 

En cualquier caso, parece que ha llegado el momento de que la UE comience a preparar un plan B para saber qué hacer en el caso de que la moneda única estalle por los aires, algo que puede suceder más pronto que tarde.

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