Los delirios de Gargamel

14. julio 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Según Pablo Iglesias, IU y todas las demás fuerzas políticas que proponen unidad popular para las Generales, son el “pitufo gruñón” de la política española. Continuando con la analogía, el propio Pablo Iglesias bien podría ser Gargamel, aquel personaje oscuro que, movido por su avaricia y ensimismado en su soberbia, trata de capturar a los pitufos para elaborar con ellos una piedra filosofal que convierta los metales en oro.

Sin embargo, lo único que dicen estos “pitufos gruñones” es que las listas de unidad popular han generado un cambio político profundo en muchos ayuntamientos, mientras que Podemos no ha alcanzado ninguno de sus objetivos políticos concurriendo en solitario a las urnas.

De hecho, la marca “Podemos”, que con tanto ahínco defiende Pablo Iglesias como “motor del cambio” no ha conseguido nada institucionalmente relevante con sus candidaturas en solitario a las Elecciones Europeas de 2014 y a las Autonómicas de 2015, salvo que se considere relevante ser la cuarta fuerza política en Navarra, por delante del PSOE (5ª) y del PP (6ª).

Para convertir el neoliberalismo en democracia se necesita algo más que una piedra filosofal acrisolada en los pucheros teóricos de Pablo Iglesias. Hacen falta los ejemplos de las luchas sociales pasadas, las experiencias de quienes se rebelaron ante las injusticias y normalmente perdieron porque jamás llegaron los refuerzos, las energías de quienes se lanzaron a las calles con camisetas de colores para formar mareas contra los recortes, el ímpetu de aquellos y aquellas que consiguieron parar privatizaciones, y sobre todo, hace falta la humildad suficiente para no creerse representante único de todos los anteriores.

Decía Benjamin Franklin que “el orgullo que se alimenta con la vanidad acaba en el desprecio”. Quizá por eso, el Gargamel de Vallecas no se esté dando cuenta de que su actitud está espantando a cada vez más personas que desean votar en la misma papeleta a Podemos, a IU, a Equo, a las Mareas Ciudadanas, a los activistas antidesahucios, a los acampados del 15M, y a todas las personas que quieren trasladar la voz de la ciudadanía a las instituciones, sin las interferencias que provocan los líderes sectarios y los palmeros que les rodean.

A estas alturas, Pablo Iglesias debería saber que el enemigo no es Alberto Garzón, ni Izquierda Unida, ni Ahora En Común, ni los 121 artistas e intelectuales que ayer firmaron el manifiesto “Mover ficha por la unidad popular”, ni ningun otro a los que pueda considerar “pitufos gruñones”. El enemigo está ahí fuera y se cree todopoderoso. Su nombre es dios Mercado, y aplasta pueblos, devora derechos, aniquila libertades y arrasa democracias. Si Pablo Iglesias todavía no ve la necesidad de que todos los demócratas se unan para vencerle, quizá debería explicar cuáles son los verdaderos intereses a los que sirve.

 

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